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RETABLO DEDICADO A

LA VIRGEN DE LA MISERICORDIA

 

 

   Empezaré por hacer un recorrido de conjunto por el retablo y después iré analizándolo más en profundidad. Advierto que yo no soy experto en arte. Bueno, en realidad no soy experto en nada, y que, por tanto, lo que yo voy a decir aquí, al menos académicamente, no creo que valga gran cosa. Ahora bien, es cierto que siempre que miro y admiro este retablo, me ha sugerido muchas cosas, cada vez más. Pues eso es lo que voy a contaros, lo que me sugiere este retablo. Y no será poco, ya veréis. Empecemos pues:

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   Como se puede apreciar no es un retablo barroco puro. A pesar de haber sido construido en pleno siglo XVII, concretamente en 1668. Si nos fijamos, las columnas no son helicoidales o salomónicas como las de los otros retablos, sino de un estilo más clásico y con capitel corintio. Las estrías del fuste, inclinadas por secciones cada una en sentido contrario a la anterior, se ha dispuesto así para causar la impresión de retorcimiento de las columnas pero, en cambio, su volumen permanece homogéneo y no se modifica ni se adorna con nada más. Su efecto óptico quiere ser similar al que después se logrará con la columna aculebrada y retorcida del barroco churrigueresco, que está presente en todos los demás menos en el de las Ánimas y en el de la Purísima, que, como éste, también tienen columnas rectas. 

    Está coronado por un frontón partido, debajo del cual está la imagen de San Esteban, del cual tenemos en la iglesia también un cuadro, recién restaurado, por cierto. Si alguien quiere saber más sobre ese cuadro, lo mismo que sobre cualquier otra cosa de la iglesia o del pueblo puede acudir a mi Web: Villademor, pueblo de tierra.

San Esteban, es una figura muy interesante, no sólo porque fue el primer mártir defensor del, no sé si decir, cristianismo universalizante o, simplemente, del judaísmo  helenizado. Como se prefiera. En cualquier caso, una figura que se enfrenta al judaísmo tradicional defendido por los fariseos y que pagó con su vida siendo lapidado. Curiosamente uno de los que guarda la ropa de los que arrojaban las piedras, era, nada menos, que San Pablo (Hch. 7, 58 y 22, 20). ¿Quién lo diría, verdad? Bueno, claro, Pablo todavía no había sufrido la caída del caballo, camino de Damasco, que le transformará hasta tal punto que dejará de perseguir a los cristianos para convertirse en uno de ellos, nada menos, y hacerse llamar Apóstol de Jesús y defender, como lo había hecho el propio Esteban, el cristianismo menos judaizante posible. Sin embargo, se puede sospechar que su posición, la de Esteban me refiero, quizá fuese hasta cierto punto incompatible con la del apóstol Pedro y más aún quizá con la del apóstol Santiago, el hermano de Jesús, que, como San Esteban, también murió lapidado por seguir la obra de su hermano de sangre, como era bastante común, por cierto, en las sectas judías de la época.

Así pues, como mártir, San Esteban le vemos aquí representado con una palma en la mano. Lo que me despista es el libro que porta en la otra mano, pero si nos fijamos encima de libro pare que asoman unos bultos. Quiero pensar que son piedras. A San Esteban, por el hecho de haber sido lapidado, se le suele representar con piedras, pues ahí las tenemos. Al menos eso me parece a mi aunque la imagen no me lo deja ver con claridad. En el cuadro del que os hablé antes también lleva la palma en una mano y las piedras en otra.

    A la izquierda de San Esteban está la imagen de La Magdalena y a la derecha la del Ecce Homo. No vamos a comentarlas porque si no esto se alarga demasiado. Los dos estaban metidos en la estrechez que dejan dos columnas como las descritas. En fotografías posteriores del retablo esas tallas han sido quitadas de ahí. No sabemos por qué.

En los extremos tenemos dos obispos en cuyas peanas, situadas en el intermedio de los dos cuerpos del retablo, se representan escenas bíblicas que habría que determinar. A la derecha, bajo uno de ellos una inscripción hablando de la construcción de este retablo que comentaré más adelante. No tenemos fotografías tan definidas que nos permitan concretar pero, según D. Ramón Gutiérrez Álvarez, en ese intermedio de los cuerpos figuran, dice: “escenas de San Miguel Arcángel y del sueño de Jacob, San Gabriel con la Virgen de la Anunciación y San Rafael con el niño Tobías, y en otra escena, el joven Tobías y el pez con el que curará la ceguera a su padre”. Eso comenta ese autor en su libro: Villademor de la Vega, Historia, cultura y arte (p. 160), que es, por cierto, uno de los pocos libros que existen que hable sobre esta Villa.

    En el cuerpo del retablo, en la calle de la izquierda, está la Virgen del Rosario y en la de la derecha la del Carmen. Y en la del centro están dos magníficos relieves policromados dedicado uno, el superior, a la Virgen de la Misericordia y el otro, el inferior, al Juicio Final. Son dos escenas que están en correlación y en perfecta armonía. No en vano este retablo fue financiado por un alcaide natural de Villademor. Lo cual da mucho que pensar sobre esa relación, ¿verdad? Después hablamos de ello.

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      Los relieves representan dos escenas que, sin estar desconexas, son diferentes. A tenor de los indicios que presenta y sin dejar de pertenecer, sin duda, al mismo artista, pudieran no pertenecer al mismo retablo, pues parece que la escena del Juicio Final está aparentemente encajada de forma forzada. Además, la base del altar tapa la parte inferior de la obra con cemento sin demasiado miramiento.

Para ver los relieves con detalle, pincha en la imagen

 

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    Ahora voy a comentar y analizar con detalle cada una de las escenas del relieve, porque es, creo yo, lo que realmente tiene un gran valor, tanto artístico como doctrinal. Empezamos por el superior.

    El relieve de la Virgen la Misericordia: Fue restaurado hace unos pocos años por Raquel Viejo que hizo una magnífica labor. Se trata de un mediorrelieve policromado bellísimo y de una valía artística nada mediocre según mi parecer. En el centro se encuentra la Virgen de la Misericordia, que está con los brazos en cruz sosteniendo su manto y recubriendo con él de forma protectora a los hombres. Divide con ello el espacio escénico en dos: el espacio superior, el divino, en el que no hay pecado y por lo tanto tampoco castigo, en el que están unos angelotes flotando entre nubes y sosteniendo una corona, y el inferior, el humano, en el que cabe toda la humanidad pecadora. ¿Toda? Me pregunto. La Virgen es la "Mater omnium", es decir, la Madre de todos. ¿Sin excepción? ¿De todos los que pisan al tierra? podríamos decir, una tierra, por cierto, llena de guijarros y asperezas. ¿O sólo de los creyentes? Me inclino por la segunda opción. ¿Por qué? Porque estamos hablando de una época en la que la idea de hombre no se había universalizado ni, por supuesto, tampoco se había secularizado. Pensemos por ejemplo que todavía no se habían promulgado Derechos humanos, quedaba un siglo para ello. Es más, aunque hubiesen sido instituidos, cuando fueron promulgados 120 años después por la Asamblea francesa, en 1789, no fueron reconocidos por la Iglesia católica, se opuso a ello el Papa Pio VI. Eso generalmente se olvida.

      En cualquier caso esta imagen de la Virgen protectora no es nueva de esa época. Todo lo contrario, aparece a lo largo de toda la Edad Media, todo el Renacimiento y el barroco. Basten estas imágenes como ejemplo: la imagen de la Virgen de la Misericordia de Piero della Francesca, de 1450 más o menos, o la Virgen de las Cuevas de Zurbarán, dos siglos posterior, de 1635.

Si nos fijamos en nuestro relieve existe cierta desproporción entre el tamaño de la Virgen, que está sobredimensionada y el de los fieles, que están empequeñecidos. Esta desproporción es algo propio del arte pictórico y escultórico ya desde la antigüedad griega. La jerarquía del poder divino y espiritual se logra representar mediante el tamaño. Es curioso cómo los griegos de la antigüedad si no lograron representar pictóricamente figuras en perspectiva es, entre otras razones, porque les era ideológicamente imposible pintar, por ejemplo, un dios o incluso un rey que estuviese alejado o detrás de otros objetos, de menor tamaño, como lo exigiría la perspectiva, que aquello que estuviese más cerca. En la Edad Media todavía ocurre lo mismo y en nuestro retablo, como vemos, también.

    Vemos cómo la Virgen cobija, recubriendo con su manto a todos los creyentes cualquiera que sea su condición o clase social, dado que son todos igualmente pecadores, y actúa como protectora de los males enviados por la divinidad como castigo por sus pecados. Curiosamente la misericordia de la Virgen está también mezclada de compasión. Misericordia y Compasión son dos virtudes diferentes. Espinosa, un filósofo de esta época también, dice que (cito de memoria) la misericordia es la tristeza por los males ajenos merecidos, mientras que la compasión (dice) es la tristeza por los males ajenos inmerecidos. Por eso este mediorrelieve muestra una Virgen tan compasiva como misericordiosa, porque no sólo nos protege de los males merecidos, el castigo por nuestros pecados, sino también de los males inmerecidos, la peste o cualesquiera otras enfermedades o epidemias. Porque aquí también vemos gente lisiada.

     Su figura en cruz, símbolo cristiano por excelencia, está situada en el centro del cuadro, como el centro (místico) del mundo y como el vehículo que elevará las almas hacia Dios, porque es la Virgen la que siempre, y en este caso particular también, actúa como intercesora y protectora, en colaboración con la labor redentora de su hijo.

Bajo su manto caben todos los estamentos sociales. Estos se pueden distinguir por la indumentaria que lucen. La sociedad de la época no es como la actual, era estamental y jerárquica. En otras representaciones, como por ejemplo la Virgen de la Misericordia, de Vicente López, ya de 1809, los estamentos están claramente separados, a un lado el clero y al otro los laicos, a veces la separación es por sexos. En nuestro retablo, aunque las clases sociales se pueden apreciar por su diferente indumentaria, todos están mezclados, no hay lados privilegiados, incluso el centro está ocupado por los más necesitados o por los más culpables, si es que el encadenado lo interpretamos más que como un reo que como un esclavo.

       Por otra parte hay que tener en cuenta que la representación de la Virgen de la Misericordia era un motivo muy presente en la Edad Media, pero a partir del Renacimiento va perdiendo presencia. De hecho a partir del siglo XVII prácticamente desaparece, excepto en España. El último pintor famoso en representarla fue Zurbarán. Debemos pensar entonces que nuestro relieve es ya un motivo si no arcaico, si algo anticuado para la época en que se hizo y que pronto, como hemos dicho, va a empezar a chocar con los nuevos ideales de la época. Sin embargo, en este relieve se resuelve muy bien el problema, pues se apuesta por la mezcla de las personas y clases, sin jerarquizar entre los hombres. En cualquier caso, aunque no haya una jerarquización clara, sí sigue habiendo diferencias sociales evidentes entre las personas que aquí se representan. Y estas diferencias se reflejan sobre todo en los tejidos, modas y formas de vestir de cada cual y de cada clase. Los distintos tejidos y los coloridos sirven para distinguir las clases sociales: aristocracia, clero, vulgo... Llama la atención el colorido de las prendas que reflejan la clase social de cada cual. Hemos de tener en cuenta que las prendas teñidas eran más caras y ciertos colores en la antigüedad aún más, pues eran símbolo de estatus y jerarquía como es el caso del color púrpura, color reservado al vestido de la Virgen. Por eso el colorido de los monjes de la derecha es blanco, acorde con sus votos de pobreza. Pero no sólo están representadas las órdenes mendicantes, sino el alto clero, porque arriba a la izquierda se distingue una tiara papal, que es la corona que usa el pontífice como signo de soberanía temporal. Hasta el Papa necesita del manto protector de la Virgen, es también un pecador. Igualmente parece distinguirse la mitra de un obispo a la vez que coronas reales que representan el poder temporal que Dios otorga a los príncipes o reyes. Todas las mujeres llevan la cabeza cubierta con algún tipo de velo, cofia o toca, excepto una, si es que lo es, pues parece una reina al estar coronada. En cambio, los hombres llevan todos la cabeza descubierta. Parece que el artista sigue el mandato de San Pablo, que si no es misógino, sí es al menos claramente androcéntrico, propio en todo caso de la época. Decir lo contrario sería cometer anacronismo. En la Carta a los Corintios 11, 7, dice Pablo: "El hombre no debe cubrirse la cabeza, pues es imagen y reflejo de Dios; pero la mujer es reflejo del hombre". Curioso razonamiento, ¿verdad?

    También bajo el manto de la Virgen caben las clases más desfavorecidas e incluso los lisiados, hay un hombre que porta una pata de palo y más arriba uno con una mano de garfio, y, por último, en el centro derecha, están representados los esclavos o presos, pues hay un hombre encadenado al cuello. Están representados también hombres de otras razas, pues parece haber un negro o quizá un moro en la parte superior derecha. Pero entiendo que eso no quiere decir que quepan bajo su manto otras religiones o creencias. A partir de los siglos XV y XVI los musulmanes y judíos tuvieron que adoptar la religión cristiana y las costumbres, aunque podían conservar algunas prendas características de su indumentaria. Tengo para mí, no obstante, que la idílica situación de tolerancia que últimamente se pinta de la Edad Media española en la que convivirían en supuesta armonía las tres religiones, aunque ahora gustan más de hablar de tres culturas: la cristina, la judía y la musulmana, es un mito irenista que coincide más con la ideología que quiere defender el historiador, que con la realidad histórica propiamente dicha.

 

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Veamos ahora la tabla inferior, la del Juicio Final:

Lo mismo que la tabla superior, se divide el espacio horizontalmente ya no en dos partes, sino en tres. La superior separada por un coro en forma de media luna de angelotes. Estos sostienen una corte celestial y portan instrumentos musicales de viento sobresalientes y por ello, casi todos, rotos o bastante deteriorados. La corte celestial está formada en el centro por Jesús como Juez supremo, sus once apóstoles y la Virgen. Espero no equivocarme en mi recuento. Porque podríamos pensar que son los doce apóstoles. Pero no creo, y no lo creo por lo que diré más adelante.

Debajo de la corte celestial, en el segundo espacio, a la izquierda, se representa a la Iglesia peregrina que va pasando por esta tierra y que, a la postre, va a tener que ser juzgada.

Debajo del todo, en el tercer espacio, está representado, a la izquierda, el Purgatorio. Aunque no estamos seguros, porque, como el infierno, está rodeado por unas recias cadenas, símbolo inequívoco que de allí no se puede salir, al menos desde dentro. En medio está el Ángel del juicio. A su izquierda van llegando los llamados a juicio. Para eso tocan los ángeles las trompetas, supongo. Y llega un obispo el primero, un militar con su arma, un arcabuz o incluso un mosquete, un hombre con una vara, un regidor quizá, detrás de él una mujer de vestido rojo y un recipiente en la cabeza (desconocemos ese simbolismo), y, por último, otra dama de vestido blanco con un tocado rojo. Todos van a presentarse para ser juzgados.

Abajo a la derecha, rodeado también de cadenas, está el infierno, con las calderas de Pedro Botero y el diablo, con una cara espantosa, atiza el fuego. El infierno está lleno de condenados que se lamentan. Cuando era niño siempre me llamaban la atención esas escenas infernales. Igualmente me sorprendía la escena del cuadro del retablo de la ánimas. Quizá porque a mi parecer allí, entre las llamas, podría haber gente buena. ¿Habéis advertido que entre los condenados que están entre las llamas hay un alma con tonsura, es decir, un sacerdote? ¿Será que el pintor tenía sus reticencias hacia el clero? Eso parece. Con todo, visto ahora desde la distancia, parece que estos cuadros hacían una labor catequética y de enseñanza moral más eficaz que ahora toda la Educación en valores que se da en las escuelas.

Descrito el espacio volvamos al recuento de los apóstoles: ¿por qué mantengo que hay once apóstoles y no doce? ¿Por qué no está Judas? A mí me parece evidente que no pueda estar. Hay quien no cabe bajo el manto de la misericordia. Duro ¿verdad? Judas estaría entre los condenados. Indudablemente. Lo que nos lleva a otra pregunta: ¿qué relación podemos establecer entre el relieve superior y el inferior? ¿La misericordia, como virtud cristiana, no implica la eliminación del castigo? Parece que no. O, al menos, por lo que yo sé, no para la moral cristiana. La práctica de la misericordia no presupone la absoluta clemencia, tampoco supone la anuencia ni el consentimiento.

No obstante, la relación que podemos establecer entre la escena de la tabla superior y la de la inferior me recuerda a aquella escena que cuenta Sto. Tomás en la Summa Theologica relacionada con los bienaventurados, es decir, con los ya salvados, y que dice así: “Y por eso, para que la felicidad de los santos les complazca más, y de ella den gracias más superiores a Dios, se les concede que puedan ver perfectamente las penas de los condenados.» (Summa Theologica, Suplementos a la III parte, q. 94, a, 1, c.). No es curioso que un teólogo y filósofo moral, central para la doctrina de la Iglesia, nos diga que ver las desgracias ajenas aumente aún más nuestra dicha. ¿Será eso lo que quieren enseñar estas tablas? Porque éstas, inevitablemente, hay que verlas de arriba abajo o de abajo arriba, da igual.

En cualquier caso, a raíz de esta reflexión tomista se me ocurre algo incluso más duro, a saber: el creyente, el verdadero creyente, no tiene que mostrarse siempre misericordioso. Precisamente porque todo mal habrá de ser redimido, al menos para el que se muestra arrepentido y pide piedad. Todas las personas que están bajo el manto de la Virgen están implorándola. Toda miseria, si tienes fe en la próxima vida, habrá de ser superada. Sí, eso es cierto, pero no de forma inmediata y yo añadiría incluso que tampoco gratis. La gracia no es gratis. ¡Curioso, no! Aquí no cabe el calvinismo, estamos muy lejos de él. Pero no has de tener miedo, si tienes fe en la otra vida, es más, si tuvieras miedo y compasión, eso podría ser interpretado como una flaqueza de tu fe. Lo que quiero decir, en rigor, es que no deberíamos expresar compasión a quienes Dios mismo, desde su suprema justicia y omnisciencia, ha impuesto el castigo. Por eso dice Santo Tomás lo que dice: “en el reino de los cielos, los bienaventurados verán los castigos de los condenados para que les plazca más su bienaventuranza” (…). Apiadarse de ellos sería, interpreto yo, una blasfemia imperdonable contra ese Dios que ha dictado su condena.

De igual modo, cuando Dante llora sin consuelo ante el suplicio interminable de los moradores del infierno, ha de escuchar esa merecida reconvención de su guía de viaje: “Aquí piedad es no tener piedad. ¿Quién es más miserable sino el que, ante el juicio de Dios, siente pena?” (Divina comedia, I, XX, 25-30). Qué curiosa y compleja es la moral cristiana, nunca me ha dejado indiferente.

Si seguimos recorriendo el retablo vemos abajo, a sendos lados, pero ya fuera del bajorrelieve, dos escudos. Seguramente de las familias patrocinadoras de este retablo. Habría que determinar si son los escudos de la Familia de D. Alonso Pérez Melón y Dª. Francisca Pintor que, como sabemos, fueron quienes lo patrocinaron, porque se sabe que fue mandado dorar por un tal D. Alonso Pérez Melón, natural de Villademor y que era alcaide de la cárcel de la intendencia de León. Sobre este personaje dice D. Ramón Rodríguez Álvarez en su libro Villademor de la Vega, Historia, cultura y arte (p. 291): "El citado D. Alonso [Pérez Melón] creó un mayorazgo y una fundación en Villademor para lo cual erigió en la iglesia un altar dedicado a la Virgen de la Misericordia. A cambio se le concedió una sepultura perpetua en la iglesia, frente al mismo altar. El año 1668, un nieto de D. Alonso, también llamado Alonso Pérez Melón, alcalde de la villa durante los años 1669 y 1699 doró a su costa el retablo de la Misericordia.". 

La prueba de todo ello figura en una inscripción en el propio altar que dice así: "Este retablo de la Virgen de la Misericordia se doró a consta de Alonso Pérez Melón y Francisca Pintor, su mujer, vecinos de esta villa. Dejáronle sus ascendientes y la sepultura de la piedra que está al pie del es de los dichos. Consta por escritura hecha en San Millán, ante el escribano, a 8 de septiembre, año de 1668, día en que se acabó esta obra a honra de nuestro Señor y su Bendita Madre. 1668." (Op. cit.)

    Bien, vamos terminando. Está claro que este retablo es extraordinario y singular. Asimismo de entre todos los retablos de nuestra iglesia es este el más antiguo y, además es, sin lugar a dudas, el de más valor artístico y creo que ha pasado desapercibido para muchos fieles de Villademor durante años. No dejemos de visitarlo, fijémonos en estos detalles que he comentado y entonces podremos admirarlo tanto más cuanto más lo hayamos comprendido. Porque como yo siempre digo, una imagen no vale más que mil palabras, sino que más bien habría que decir la recíproca, que una imagen sin palabras, sin conceptos, no vale absolutamente nada.

     Por último, ya  este retablo me sugiere una pregunta curiosa que va más allá del propio retablo, por eso es bueno el retablo creo yo, porque sugiere, suscita e insinúa. La pregunta es la siguiente: ¿por qué esta Villa nuestra, Villademor, muestra tanta inquietud por la piedad, la misericordia y la compasión hasta el punto de dedicar un retablo a la Virgen de la Misericordia, otro a la Virgen de la Piedad, otro a la de las Ánimas e incluso edificar una ermita dedicada también a la Virgen de la Piedad o construir hospitales u hospedajes para peregrinos hoy desaparecidos? ¿No llama la atención? Alguien con cierta perspectiva histórica diría: ¡ya, pero eso son cosas del pasado! No, no lo creo. Una vez un buen sacerdote (y también un sacerdote bueno) que hubo en Villademor se hacía esta pregunta nada baladí: ¿Por qué cuando se hacen colectas para una desgracia exterior e incluso lejana, en Villademor se recogen en el cepillo más donativos que en los pueblos limítrofes a pesar de que nuestro pueblo no es más rico sino todo lo contrario? No sé, habría que contrastar eso de alguna otra forma, pero esta actitud generosa y altruista del villademorense, creo yo, está íntimamente relacionada con la virtud de la compasión. Así pues comprender la relación que hay entre nuestra Villa y esta virtud, central en el cristianismo, es posible que nos ayude a vislumbrar, si acaso, algún aspecto de nuestra idiosincrasia, de nuestra forma de ser. Más claramente, lo que estoy sugiriendo es que un aspecto que define esencialmente a los villademorenses, y no sólo en el pretérito, es SU INCLINACIÓN POR LA COMPASIÓN, con todo lo que ello implica. Quiero decir que el villademorense está especialmente y esencialmente inclinado a la compasión y a todas aquellas virtudes que impliquen cierta empatía y, a la vez, generosidad. Y no es ni ha sido una moda o una corriente social más o menos pasajera. Yo quiero pensar que no. Esas ermitas y esos retablos nos lo recuerdan cada día. No son sólo arte, son arte con sentido, con sentido ético. Cuidemos, pues, ambas cosas: nuestra disposición ética a las virtudes relacionadas con la compasión, la generosidad y la fortaleza en general, así como nuestra disposición a cuidar y mantener el arte de nuestra iglesia en cuanto representa, de forma bella, esas virtudes nada despreciables.

 

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     Por último un detalle, sólo para intrépidos, para los que quieran saber más sobre la virtud de la compasión y otras virtudes afines. Si quisieras profundizar en ellas, si quisieras entenderlas desde una perspectiva filosófica (materialista) puedes acudir a nuestro Diccionario filosófico en el que encontrarás un desarrollo "geométrico" de esa virtudes éticas. En concreto de las siguientes: MISERICORDIA, COMPASIÓN, PIEDAD, CONMISERACIÓN, CLEMENCIA, EMPATÍA y ARREPENTIMIENTO. El excursus es largo, tómate tu tiempo para leerlo si te interesa, pero en cualquier caso lo que ahí describo no es moralina, no pretende ser un discurso moralizante al modo como lo hace un cura aunque lo pudiera parecer, sino un discurso crítico y reflexivo al modo como lo hace un filósofo.

 

VÍDEO

 

    Si quisieras entender este retablo con más dinamismo este mismo texto lo hemos ido acompañando de multitud de imágenes en un video de forma que se pueda entender de una forma mucho más didáctica y amena.

 

 

 
 

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