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Se trata de un plato típicamente asturiano, pero en Villademor
siempre hemos estado muy unidos y muy influenciados por los asturianos y,
por supuesto, como es este caso, también por las buenas guisanderas
asturianas.
Se trata de un plato muy
laborioso pero no por eso menos agradecido. Es un clásico de la cocina
asturiana que nunca falla y que nunca deja indiferente a nadie.
Modo de
prepararlo:
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Damos por hecha la carne guisada con
la que las vamos a rellenar. Pero también se pueden rellenar con carne
picada al estilo boloñesa. Ambas formas están muy bien.
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Pelamos las patatas y con un vaciador
clásico, redondo, vamos vaciando el interior de cada patata reservando las
bolitas que nos salen, que, como se ve en las imágenes, las vamos a
aprovechar también. Éstas se salan y se sazonan con un diente de ajo muy
picadito, muy picadito y con un poco de perejil cortado también muy fino.
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Se rellenan las patatas de carne guisada y
se cierran los agujeros con una de las bolitas que extrajimos.
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Se pasan por harina (primero) y huevo
(después) y se fríen en abundante aceite hasta dorarlas.
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Se van colocando en la cazuela donde se
van a hacer. Se pueden hacer también en una olla exprés. Se vierte en ellas un poco, muy poco,
de aceite de freírlas colándola si lo consideramos oportuno.
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En el aceite restante se echan las
bolitas de patata y se fríen con fuego fuerte hasta dorarlas. No importa que
no se pasen, recordemos que después van a ser cocidas. Se vierten en la cazuela y se vierte
también la salsa de la carne guisada.
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Se añade una hoja de laurel, un
chorrito de vino blanco y un poco de caldo de pollo o de carne.
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Se da un primer hervor para que se
evapore el alcohol del vino. Después, si se hacen en olla, se cocinan
durante el tiempo apropiado (20 minutos, no más).
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Se mueve de vez en cuando la cazuela
para que el caldo quede ligeramente gordito pero cuidando que no se partan las
patatas, que han de quedar enteras.
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Se sirven acompañadas de unas tiras de
pimientos de piquillo.
Han de comerse
antes de que sen enfríen. Es un plato que si lo dejamos para el día
siguiente la patata pierde elasticidad, queda dura y ya no sabe lo mismo. Es
mejor comerlo después de hecho.
Este plato puede
acompañarse, maridarse como dicen los pedantes, con un vino tinto o con un
clarete prieto picudo de la tierra, cómo no. Pero parece que pide ser
acompañado por unos buenos "culines" de sidra. Y, por supuesto, por
una buena compañía. A los niños les va a encantar y a los mayores nunca les
va a defraudar.
Buen apetito.
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