|
 Primera
curiosidad; en Villademor "arroz" no es masculino: "el arroz", sino
que se dice siempre en femenino: "l'arroz". No sabemos muy bien
por qué, quizá es por la falsa elisión que se produce entre el artículo "el" con
el sustantivo "arroz".
El arroz es mucho
mejor si es redondo y grande. Pero más importante incluso que el arroz es la
leche. Tiene que ser entera y de buena calidad. Cuanto más densa y grasa
mejor.
No debe lavarse el
arroz ni darle un hervor previo en agua. Eso quitará el almidón propio del
arroz y nos quedará el arroz más suelto. Sin embargo, nosotros queremos que
ligue.
La leche, que como
dijimos, debe ser entera se pone a calentar. No le iría mal, esta es una
opción para los más pacientes, dejarla hervir a fuego muy lento durante
veinte o treinta minutos. Para que quede reducida y más cremosa. Se vierte en ella
directamente el arroz y se deja cocer durante hora y media o dos sin parar
de revolver. Es cierto que existe una tradición que dice que ¿si una paella
lleva hacerla veintidós o veintitrés minutos, por qué el arroz con leche debería llevar
más? Pues porque no quedaría cremosa y ligada, sino suelta. Un arroz dulce suelta
no es aconsejable. Una taza grande de arroz necesitará al menos dos o tres
litros de leche. Se va añadiendo según lo pida hasta que esté cocida,
cremosa y ligada. El espesor se deja al gusto, pero hay que tener en cuenta
que una vez fría va a estar más espesa.
Una vez cocida y bien
ligada se retira la canela en caña y se echa el azúcar. En ese momento tenemos que
tener en cuenta dos cosas: que el echar el azúcar la mezcla se hace más
líquida y habrá que esperar unos diez minutos más al menos para que vuelva a
ligar el arroz. Y, en segundo lugar, que a partir de ahora como dejes de
revolver quince segundos, se empezará a pegar con mucha facilidad.
A continuación se
vierte en pocillos apropiados y se deja enfriar. Una vez fría y poco antes
de comer, se extiende por encima una ligera pero homogénea capa de azúcar, con
un poquito de canela mezclada si se quiere, o, casi mejor, sin ella, sólo
azúcar. Después con el soplete o quemador apropiado
se va requemando el azúcar sin que se queme ningún grano de arroz porque en
ese caso nos sabría amargo. En vez de requemarla también se puede
espolvorear canela en polvo por encima y quedaría igualmente bien, según
gustos.
Otra opción es
mezclar el arroz con yema de huevo. De tal modo que cuando esté ya templado se
vierten las dos yemas de huevo un poco batidas previamente, sin la clara y se
revuelve todo hasta que quede ligada y de un color crema. Pero esta opción a
mi no me gusta mucho.
Y después del arroz
una copita de aguardiente o licorete ¿qué tal iría? No importa si no se
tiene o no se puede. Basta con la compañía, se echan unas risas o, en su
defecto, se come otro pocillo de arroz dulce para darte otra alegría y ya
está. ¿Qué os parece? Salud.

|