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UVAS AL BESO

"Uvas con queso saben a beso"

 

 

INGREDIENTES PRESENTACIÓN
  • Uvas

  • Queso manchego curado de oveja

  • Pan de leña

    

PREPARACIÓN

     Elección de las uvas: lo principal es que no tengan el hollejo muy áspero y fuerte. No te dejes engañar por el tamaño, las uvas de gran tamaño suelen ser insípidas y con una piel áspera. Tampoco deben ser de moscatel, disimulan demasiado el sabor del queso. Deben estar prietas, en su punto de maduración.

    La elección del queso es lo más difícil, pero también lo más importante, porque hoy llaman queso curado al que en realidad no lo está. Lo mejor es comprar el queso entero y mantenerlo en casa en un lugar fresco unos meses, pero es difícil una buena conservación, por lo que, en ocasiones, es mejor pagarlo caro en algún lugar de confianza.

    Se lavan las uvas tiempo antes de modo que cuando se coman éstas deben estar secas. Si las uvas están mojadas pierden sabor. Se acompañan de pan de leña tierno (no como el que aparece en la foto por cierto).

     El queso debe estar siempre recién cortado y nunca debe estar de nevera, perdería mucho sabor. Es una estupenda merienda.

  No obstante, el pan con queso de oveja, sin necesidad de uvas, es uno de los mayores majares. Un buen pan, un buen queso y, opcionalmente, un buen vino, y... "pin... palo... pin... palo...". Puestos así, y a pesar de Epicuro, casi se hace innecesaria la compañía de la amistad.

 

* * *

 

    Con razón Epicuro, aquel filósofo que entendió a la perfección lo que era el verdadero placer, decía: "Envíame un poco de queso seco para que cuando me apetezca pueda darme un banquete". La felicidad, según él, no busca más que conseguir la imperturbabilidad del alma (la "ataraxia") y la ausencia de dolor corporal (la "aponía"), y para lograrlo, qué curioso, le bastaba el queso. Ni más lujos ni más placeres, le bastaba la sobriedad de un buen queso para darse un "frugal banquete". Por eso veintiún siglos después dice F. Nietzsche: "Un pequeño jardín, higos, un poco de queso, y además tres o cuatro amigos, esta fue la opulencia de Epicuro". (Humano, demasiado humano, II, 92). Y ciertamente Epicuro no se equivocaba lo más mínimo en las apreciaciones sobre el placer ni sobre el queso, sea éste tomado solo, con pan o con pan y uvas. El queso es siempre un verdadero, auténtico e inigualable placer que uno se puede dar con relativa frecuencia.

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