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CONEJO GUISADO

(Con champiñones)

 

 

INGREDIENTES PRESENTACIÓN

 

  • Un conejo es imprescindible

  • Una cebolleta o cebolla

  • Champiñones (opcional)

  • Zanahoria (opcional)

  • Ajo

  • Perejil

  • Aceite

  • Sal

PREPARACIÓN

    Es fundamental no dejar al carnicero trocear el conejo. La razón es la siguiente, si lo trocea con la macheta resultará que después, a la hora de comerlo, encontraremos pequeños huesecillos en el guiso que resultarán muy desagradables. Por eso considero que resulta determinante para que el resultado sea bueno, cortar el conejo en todas sus piezas por las junturas naturales, y no sólo por la razón antedicha, sino porque el sabor de cada tajada es distinto si está cortada por medio del hueso porque éste, al quedar abierto, deja sueltos otros sabores diferentes.

    Elaboración:

    Echamos en una cazuela apropiada un poco de aceite hasta cubrir el culo, y añadimos un diente de ajo en rodajas y una rodaja de pan a freír junto con un par de ramas de perejil. Mientras se fríe se trocea en trozos pequeños la cebolleta. Una vez está bien dorado se saca y se machaca todo junto en el mortero y se reserva.

    A continuación se echa la cebolleta y se deja dorar lentamente. Mientras tanto nos da tiempo a trocear el conejo recordando que siempre hemos de hacerlo por las articulaciones.

    Una vez está bien dorada la cebolleta se saca y se reserva. Se echa el conejo en el aceite y se rehoga y se dora muy, muy bien, a fuego muy, muy fuerte, hasta que empiece a quedar pegado en el hondón de la cazuela. Se echa en ese momento el champiñón y la zanahoria que sueltan un poco de agua y la cebolleta dorada. No mucho después se echa el contenido del mortero desleído en un poco de agua y, para finalizar se vierte un poco más de agua al guiso sin necesidad de cubrirlo todo. No nos olvidemos de la sal. Se deja cocer durante unos tres cuartos de hora aproximadamente, según sea de grande el conejo. Se pincha con un tenedor para ver cuándo está tierno.

El vino: como siempre, un clarete prieto picudo, pero un tinto rioja o un tintorro de Toro también estarían muy bien.

Este es un plato típico para merendar en las bodegas. Se hace un poco picantito. Para ello se puede echar con cuidado unos trozos de guindilla y sería suficiente para darle la alegría necesaria. Ojo, en este caso el picante no es inocente, porque te hará tomar más vino y terminarás, como a veces pasa en las bodegas, saliendo a gatas.

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