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RETABLO DEDICADO A

LA VIRGEN DE LA MISERICORDIA

 

 

    No es barroco puro, es del siglo XVII, concretamente de 1668. Si nos fijamos, las columnas no son helicoidales salomónicas como las de los otros retablos, sino de estilo más clásico y capitel corintio. Las estrías del fuste, inclinadas por secciones cada una en sentido contrario a la anterior, dan la impresión de que la columna se retuerce pero, en cambio, su volumen permanece homogéneo y no se modifica ni se adorna con nada más. Su efecto óptico quiere ser el mismo que el que después se logrará con la columna enculebrada y retorcida del barroco churrigueresco que está presente, por ejemplo, en el retablo central, y otros, de esta iglesia. 

    Está coronado por un frontón partido debajo del cual está la imagen de San Esteban, el primer mártir defensor del, no sé si decir, "cristianismo universalizante" o, simplemente, del "judaísmo  helenizado". En cualquier caso una figura que se enfrenta al judaísmo tradicional defendido por los fariseos y que pagó con su vida al ser lapidado. Curiosamente quien guardaba la ropa de los que le arrojaban piedras era nada menos que San Pablo (Hch. 7, 58 y 22, 20), ¿quién lo diría? Todavía no había sufrido la "caída del caballo", camino de Damasco, que le transformará hasta el punto de que deja de perseguir a los cristianos para convertirse en uno de ellos, hacerse llamar apóstol de Jesús y defender, como lo había hecho el propio S. Esteban, el cristianismo menos judaizante posible. Por eso estaba enfrentado al apóstol Pedro y al apóstol Santiago, el hermano de Jesús que, como San Esteban, también murió lapidado por seguir la obra de su hermano de sangre, como era bastante común en las sectas judías de la época.

    A la izquierda de San Esteban la imagen de La Magdalena y a la derecha la del Ecce Homo, los dos metidos en la estrechez que dejan dos columnas como las descritas.  En los extremos dos obispos en cuyas peanas, situadas en el intermedio de los dos cuerpos del retablo, se representan escenas bíblicas que habrá que determinar así como una inscripción sobre la construcción de este retablo que más abajo detallamos.

    En el cuerpo del retablo, en la calle de la izquierda, está la Virgen del Rosario y en la de la derecha la del Carmen. En la del centro están dos magníficos relieves policromados dedicado uno, el superior, a la Virgen de la Misericordia y el otro, el inferior, al Juicio Final. No en vano este retablo fue financiado por un alcaide natural de Villademor. Los relieves representan dos escenas que, sin estar desconexas, son diferentes. A tenor de los indicios que presenta y sin dejar de pertenecer, sin duda, al mismo artista, pudieran no pertenecer al mismo retablo, pues parece que la escena del Juicio Final está aparentemente encajada de forma forzada. Además el altar tapa con cemento parte de la obra sin ningún cuidado.

     Vamos a comentar un poco cada una de las escenas.

    La Virgen la Misericordia: Se trata de un mediorrelieve policromado en el que en el centro se encuentra la Virgen de la Misericordia que está con los brazos en cruz sosteniendo su manto y recubriendo con él de forma protectora a todos los seres humanos. Divide con ello el espacio escénico en dos: el espacio superior, el divino, en el que no hay pecado y por lo tanto tampoco castigo, está representado por unos angelotes, y el inferior, el humano, en el que cabe toda la humanidad pecadora, "Mater omnium" (Madre de todos), todos pisan al tierra, llena de guijarros, por cierto. Esta imagen de la Virgen protectora no es nueva de esa época, todo lo contrario, aparece a lo largo de toda la Edad Media y todo el Renacimiento (basten estas imágenes como ejemplo, 1, 2, 3) y, lo mismo que aquí existe cierta desproporción entre el tamaño de la Virgen que está sobredimensionada y el de los fieles que están empequeñecidos. Esta desproporción es algo propio del arte pictórico y escultórico ya desde la antigüedad griega. La jerarquía del poder divino y espiritual se logra representar mediante el tamaño. Los griegos de la antigüedad si no lograron representar pictóricamente figuras en perspectiva es, entre otras razones, porque les era ideológicamente imposible pintar, por ejemplo, un dios o incluso un rey que estuviese alejado o detrás de otros objetos, de menor tamaño, como lo exigiría la perspectiva, que aquello que estuviese más cerca. En la Edad Media ocurre lo mismo y en nuestro retablo también. La Virgen cobija, recubriendo con su manto, a todos los hombres cualquiera que sea su condición o clase social, dado que son todos igualmente pecadores, y actúa como protectora de los males enviados como castigo por sus pecados por la divinidad. Curiosamente la misericordia de la Virgen está también mezclada de compasión. Misericordia y Compasión son dos virtudes diferentes. Espinosa dice que, cito de memoria, la misericordia es la tristeza por los males ajenos merecidos, mientras que la compasión es la tristeza por los males ajenos inmerecidos. Por eso este mediorrelieve muestra una Virgen tan compasiva como misericordiosa porque no sólo nos protege de los males merecidos, el castigo por nuestros pecados, sino también de los males inmerecidos, la peste o cualesquiera otras enfermedades o epidemias. Su figura en cruz, símbolo cristiano por excelencia, está en el centro del cuadro, como el centro (místico) del mundo y como el vehículo que elevará las almas hacia Dios porque es la Virgen la que siempre, y en este caso particular también, está asociada, como intercesora y protectora, a la labor redentora de su hijo. Bajo su manto caben todos los estamentos sociales que se pueden distinguir por la indumentaria que lucen. La sociedad de la época no es como la actual, era estamental, jerárquica. En otras representaciones por ejemplo los estamentos están claramente separados, a un lado generalmente el clero y al otro los laicos, a veces la separación es por sexos. En nuestro retablo, aunque las clases sociales se pueden apreciar por su diferente indumentaria, todos están mezclados, no hay lados privilegiados, incluso el centro está ocupado por los más necesitados o para los más culpables, si es que el encadenado lo interpretamos más que como un esclavo, como un reo. Por otra parte hay que tener en cuenta que la representación de la Virgen de la Misericordia era un motivo muy presente en la Edad Media, pero a partir del renacimiento pierde sentido, de hecho a partir del siglo XVII prácticamente desaparece, el último pintor famoso en representarla fue Zurbarán. Debemos pensar entonces que nuestro relieve es ya un motivo hasta cierto punto arcaico que empieza a chocar con los ideales de la época como la excesiva jerarquización, que en este relieve se resuelve muy bien apostando por la mezcla de las personas y clases, y la diferencia de tamaño que va contra las más elementales leyes de la perspectiva. En cualquier caso hay que tener en cuenta que en esta época de grandes cambios sociales éstos terminan reflejándose en los tejidos, modas y formas de vestir que son utilizados sobre todo por las clases dominantes para distinguirse del vulgo. Llama la atención el colorido de las prendas que reflejan igualmente la clase social ya que las prendas teñidas eran más caras y ciertos colores en la antigüedad eran símbolo de estatus y jerarquía como es el caso del color púrpura, color reservado al vestido de la Virgen. Por eso el colorido de los monjes de la derecha son blancos que es acorde con sus votos de pobreza. Pero no sólo están representadas las órdenes mendicantes sino el alto clero porque distinguimos arriba a la izquierda una tiara papal que es la corona que usa el pontífice como signo de soberanía temporal podríamos decir. Hasta el Papa necesita del manto protector de la Virgen porque es también un pecador. Igualmente parece distinguirse la mitra de un obispo a la vez que coronas reales que representan el poder, también temporal, que Dios otorga a los reyes. Todas las mujeres llevan la cabeza cubierta con algún tipo de velo, cofia o toca, excepto una, si es que lo es, pues parece una reina al estar coronada. En cambio, los hombres llevan todos la cabeza descubierta. Siguen el mandato de San Pablo, que siempre tiende a cierta misoginia o, al menos, no queremos molestar a nadie, a un marcado androcentrismo propio de su época pero también de él. En la Carta a los Corintios 11, 7, dice: "El hombre no debe cubrirse la cabeza, pues es imagen y reflejo de Dios; pero la mujer es reflejo del hombre". También bajo el manto de la Virgen caben las clases más desfavorecidas, los lisiados, hay un hombre que porta una pata de palo y más arriba uno con una mano de garfio, y, por último, en el centro derecha están representados los esclavos o presos, pues hay un hombre encadenado al cuello. Están representados también hombres de otras razas, pues parece haber un negro o quizá un moro en la parte superior derecha. Pero entendemos que eso no quiere decir que quepan bajo su manto otras religiones o creencias. A partir de los siglos XV y XVI los musulmanes y judíos tuvieron que adoptar la religión cristiana aunque podían conservar algunas prendas características de su indumentaria.

Mediorrelieve del Juicio FinalEl Juicio Final: En el mediorrelieve inferior se muestra una imagen del Juicio Final. Y se divide horizontalmente en dos partes separadas por un coro en forma de media luna de angelotes que sostienen una corte celestial y que portan instrumentos musicales de viento sobresalientes y por ello casi todos rotos o bastante deteriorados. La corte celestial está formada en el centro por Jesús, sus once apóstoles y la Virgen. Debajo de la corte celestial a la izquierda se representa a la Iglesia peregrina, que pasa por esta tierra. Abajo del todo y a la izquierda está representado el Purgatorio, rodeado por unas recias cadenas símbolo inequívoco que de allí no se puede salir desde dentro. En medio está el ángel del juicio y a la derecha, rodeado también de cadenas, el infierno, con la representación de las calderas de Pedro Botero y lleno de condenados que se lamentan. Una primera curiosidad y una primer pregunta, ¿por qué once apóstoles? ¿Por qué no está Judas? Es evidente, hay quien no cabe bajo el manto de la misericordia. Judas estaría entre los condenados. Lo que nos lleva a otra pregunta ¿qué relación podemos establecer entre el relieve superior y el inferior? La misericordia, como virtud, no implica la eliminación completa del castigo. Practicar la misericordia no supone la anuencia y el consentimiento. No obstante, la relación que podemos establecer entre una escena y otra me recuerda a aquella escena que cuenta Sto. Tomás nada menos, relacionada con los bienaventurados que aun disfrutando ya de la gracia de Dios, sin embargo, quizá para mayor disfrute de su gracia, Dios les deja ver a los condenados del infierno. No es curioso que un teólogo y filósofo moral donde los haya nos diga que ver las desgracias ajenas aumente aún más nuestra dicha. ¿Será eso lo que quiere decir esta imagen? A raíz de esta reflexión tomista se me ocurre algo incluso más duro, porque el creyente, el verdadero creyente, no tendría que ser, en última instancia, compasivo porque todo mal habrá de ser redimido, al menos para el que pide misericordia. Todas las personas que están bajo el manto de la Virgen están implorándola. Toda miseria, si tienes fe en la próxima vida, habrá de ser superada. Sí, eso es cierto, pero no de forma inmediata y yo añadiría incluso que tampoco gratis. No has de tener miedo si tienes fe en la otra vida, es más, si lo tuvieras, este miedo y la compasión a él añadida podrían ser interpretados como una flaqueza de tu fe. En rigor, entonces, no podríamos expresar compasión a quienes Dios mismo, desde su suprema justicia y omnisciencia, ha destinado el castigo. Por eso dice Santo Tomás lo que dice: “en el reino de los cielos, los bienaventurados verán los castigos de los condenados para que les plazca más su bienaventuranza”. Apiadarse de ellos sería, en efecto, una blasfemia imperdonable contra ese Dios que ha dictado su condena. Así cuando Dante llora sin consuelo ante el suplicio interminable de los moradores del infierno, ha de escuchar esa merecida reconvención de su guía de viaje: “Aquí piedad es no tener piedad. ¿Quién es más miserable sino el que, ante el juicio de Dios, siente pena?” (Divina comedia I, XX, 25-30). Qué curiosa y compleja es la moral cristiana, nunca me deja indiferente.

    A sendos lados, pero ya fuera del bajorrelieve, se encuentran dos escudos seguramente de las familias patrocinadoras de este retablo. Habría que determinar si son los escudos de la Familia de D. Alonso Pérez Melón y Dª. Francisca Pintor que, como sabemos, fueron quienes lo patrocinaron, porque se sabe que fue mandado dorar por un tal D. Alonso Pérez Melón, natural de Villademor y que era alcaide de la cárcel de la intendencia de León. Sobre este personaje dice D. Ramón Rodríguez Álvarez en su libro Villademor de la Vega, Historia, cultura y arte (p. 291): "El citado D. Alonso [Pérez Melón] creó un mayorazgo y una fundación en Villademor para lo cual erigió en la iglesia un altar dedicado a la Virgen de la Misericordia. A cambio se le concedió una sepultura perpetua en la iglesia, frente al mismo altar. El año 1668, un nieto de D. Alonso, también llamado Alonso Pérez Melón, alcalde de la villa durante los años 1669 y 1699 doró a su costa el retablo de la Misericordia." La prueba de todo ello figura en una inscripción en el propio altar que dice así: "Este retablo de la Virgen de la Misericordia se doró a consta de Alonso Pérez Melón y Francisca Pintor, su mujer, vecinos de esta villa. Dejáronle sus ascendientes y la sepultura de la piedra que está al pie del es de los dichos. Consta por escritura hecha en San Millán, ante el escribano, a 8 de septiembre, año de 1668, día en que se acabó esta obra a honra de nuestro Señor y su Bendita Madre. 1668." (Op. cit.)

    De entre todos los retablos es este el más antiguo y, además es, sin lugar a dudas, el retablo de más valor artístico y ha pasado desapercibido para los fieles de Villademor durante años. Echémosle un vistazo, fijémonos en estos detalles que he comentado y entonces podremos admirarlo más cuanto más lo hayamos comprendido.

     Por último este retablo me sugiere una pregunta curiosa que va más allá del propio retablo, por eso es bueno el retablo creo yo: ¿por qué esta villa nuestra tiene tanta preocupación por la piedad, la misericordia y la compasión hasta el punto de dedicar un retablo a la Virgen de la Misericordia, otro a la Virgen de la Piedad, otro a la de las Ánimas e incluso edificar una ermita dedicada también a la Virgen de la Piedad o construir hospitales para peregrinos hoy desaparecidos? ¿No llama la atención? Claro que alguien con perspectiva histórica diría: ya, pero eso son cosas del pasado. No, no lo creo. Una vez un buen sacerdote (y también un sacerdote bueno) que hubo en Villademor se hacía esta pregunta nada baladí: ¿Por qué cuando se hacen colectas para una desgracia exterior e incluso lejana, un terremoto, una inundación, etc. en Villademor se recogen más donativos que en los pueblos limítrofes a pesar de que nuestro pueblo no es más rico sino todo lo contrario? Esta actitud del villademorense, creo yo, está íntimamente relacionada con la virtud de la compasión. Así pues comprender la relación que hay entre nuestra villa y esta virtud, central en el cristianismo, es posible que nos ayude a vislumbrar, si acaso, algún aspecto de nuestra idiosincrasia. Más claramente, lo que estoy sugiriendo es que un aspecto que define esencialmente la idiosincrasia de los villdemorenses, y no sólo en el pretérito, es SU INCLINACIÓN POR LA COMPASIÓN. Quiero decir que el villademorense está especialmente y esencialmente inclinado a la compasión y a todas aquellas virtudes que implique cierta empatía. Y no es ni ha sido una moda o una corriente social más o menos pasajera. Yo creo que no. Por ello creo que es necesario conocer en profundidad la virtud de la compasión y otras afines aunque sólo sea de forma oblicua. De modo que si quieres profundizar en ellas, si quieres adquirir una perspectiva filosófica (materialista) de ellas en este enlace tienes un desarrollo "geométrico" de muchas de ellas. En concreto de las siguientes: MISERICORDIA, COMPASIÓN, PIEDAD, CONMISERACIÓN, CLEMENCIA, PERDÓN, EMPATÍA y ARREPENTIMIENTO. El excursus es largo, tómate tu tiempo para leerlo si te interesa, pero en cualquier caso lo que ahí describo no es moralina, no pretende ser un discurso moralizante al modo como lo hace un cura aunque lo pudiera parecer, sino un discurso crítico y reflexivo al modo como lo hace un filósofo.

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