RETABLO CENTRAL DEDICADO A

SAN PEDRO APÓSTOL

 

 

    Se trata de un suntuoso retablo (retro tabula altaris) de estilo barroco churrigueresco. Data de finales del XVII o principios del XVIII. De hecho fue mandado construir en 1693. Su diseño es visualmente efectista pues la parte superior parece (o es) cóncava y se adapta al ábside. Fue construido por Mateo del Solar.

    Como casi todos los retablos barrocos, se puede dividir en varias partes:

  1. Verticalmente: cada parte es una calle. Se diferencian unas calles de otras por las columnas enculebradas. La típica columna salomónica, adornada con racimos de uvas que cuelgan y parras que se retuercen a lo largo de la columna. No hay que olvidar que la vid es un tema eucarístico. Todo ello en su conjunto produce un efecto ascensional y un intenso dinamismo. Los personajes que aparecen representados son los siguientes: en la calle de la izquierda, arriba tenemos a Santiago Peregrino, es decir, el que en los Evangelios aparece nombrado como Santiago el Mayor o Santiago el de Zebedeo (no confundir con Santiago el Menor hijo del Alfeo, ni con Santiago el hermano de sangre de Jesús). Sí, sí, Jesús tenía hermanos y hermanas (vid. por ejemplo Mc. 3, 31-35). Justo por encima de su cabeza se distingue el símbolo que le identifica, la cruz de Santiago. Debajo de él, está San Andrés, otro apóstol de Jesús, siempre se le recuerda como al que crucificaron en una cruz en forma de aspa (X). En la calle central, arriba del todo, está un Cristo en el Calvario y, detrás de él, pintado en lienzo ya muy deteriorado, a su derecha su madre, la Virgen María, y a su izquierda San Juan. Debajo del calvario, en el centro, está San Pedro, patrón de la iglesia y del pueblo. En la calle de la derecha, arriba, está San Pablo. Por encima de su cabeza se distingue la espada, recordemos que fue decapitado. Debajo de él, San Judas Tadeo. Ahora bien, que San Pedro esté en el centro se entiende, pero, ¿por qué D. Manuel Borbujo, a la sazón párroco de nuestra iglesia en 1693, que fue quien encargó este retablo tal como está, eligió, si es que fue él quien los eligió, precisamente a esos Apóstoles? En efecto, todos fueron apóstoles del Jesús histórico menos Pablo, que, como todo el mundo sabe, no lo conoció. Por qué a esos, decíamos, y no a otros? ¡Doctores tiene la Iglesia que sabrán respondernos! Pues eso, que nos respondan.

  2. Horizontalmente (empezando por arriba) se divide en: ático, cuerpo y banco. Cada parte está separada por una serie de cornisas. Hagamos un recorrido por cada una:

    El ático se asemeja a una semicúpula en la que se representa, en la hornacina central, el Calvario con la imagen de un Cristo casi de tamaño natural y, detrás de él, haciendo de fondo, un lienzo que ya hemos descrito. Esta imaginería, curiosamente, es más propia de los retablos renacentistas que de los barrocos en los cuales se suele colocar a la Santísima Trinidad o al Padre Eterno. A los extremos, como es típico del barroco, se representan sendos angelotes con instrumentos musicales de cuerda y de viento (ya desde Pitágoras la música era algo divino) y con carácter festivo y adornos florales que sirven para rellenar el espacio. Hay que rellenar el espacio, el vacío no nos lleva a la eternidad o, de otra forma, la eternidad no es vacía, no es la nada, es decir, hay algo, hay salvación. Si no fuese así el cristianismo no tendría sentido. El espacio es al arte griego y cristiano, lo que el tiempo (infinito o eterno) es a la salvación, por eso ninguno de los dos puede estar vacío. Ni el espacio ni el tiempo soportan bien el vacío. El "horror vacui" en el sentido temporal es solidario de la idea de salvación. Si sólo hubiese "nada" ya no tendría sentido la salvación. Por eso el cristianismo da mucha importancia a ciertas virtudes que están íntimamente ligadas al tiempo: el arrepentimiento, al pasado, la fe y la esperanza, al futuro. ¿Qué sería del cristianismo sin arrepentimiento y sin esperanza? Creo que sería imposible. Sin embargo, yo creo que precisamente estas dos virtudes, desde un punto de vista crítico, desde una ética materialista no pueden ser virtudes. Porque como ni el futuro ni el pasado existen, entonces ni el arrepentimiento es virtud ("el que se arrepiente de lo que ha hecho es doblemente miserable", decía Espinosa), ni tampoco lo es la esperanza, que sigue metida, podríamos decir, en la caja de Pandora, que estaba llena de males como sabemos. Desde el punto de vista materialista lo que nos queda, entonces, es la desesperanza, que no la desesperación. Pero dejemos este excursus para otra ocasión.

    Un detalle más sobre la parte inferior del ático, ¿qué sentido tendrán sendas máscaras que figuran en la parte inferior? No parecen máscaras teatrales. ¿Están sonrientes o están burlonas? A mi de pequeño en aquellas misas interminables a las que estábamos obligados a ir, y algunos terminábamos escuchando lo que se decía, razón por la cual ahora somos ateos recalcitrantes, en aquellas misas, decía, cuando dejabas de atender, que ocurría muy a menudo, esas máscaras se me antojaban alegres sandías que disfrutaban de la música inaudible e inaudita de los ángeles. ¡En algo tiene que ocuparse la imaginación, siempre desbordante, de un niño! Ahora bien, ¿por qué los ángeles o Dios mismo necesitaban de la música? Un espíritu puro tocando música es como un círculo cuadrado o como un hierro de madera.

    Habría que determinar los tamaños de la imaginería y comprobar si las esculturas están colocadas en proporción decreciente, de modo que en los sitios más altos se coloquen las más grandes para contrarrestar los efectos de la perspectiva. Porque parece apreciarse que el Cristo del Calvario es de un tamaño mayor del habitual. No sabemos si las demás imágenes están dispuestas de acuerdo con esas leyes de la perspectiva que se aplicaban en el barroco pero que ya eran conocidas por Vitruvio en el siglo I a. C.. Es muy posible, entonces, que esas leyes ya se tuvieran en cuenta con la disposición del Cristo de la parte superior, a mí al menos me lo parece, pero un experto debería determinarlo empezando, claro está, por medirlo con exactitud.

    En el cuerpo del retablo tenemos tres imágenes situadas en tres calles. De izquierda a derecha: Santiago, San Pedro y San Pablo, ya mencionados. Encima de las hornacinas que ocupan están sus respectivos símbolos. Ya hemos comentado los símbolos de Santiago y los de San Pablo. San Pedro, el del centro, tiene por encima de su cabeza una mitra y de su mano cuelgan las llaves. Nos resulta muy curioso cómo se han colocado juntos a San Pedro y a San Pablo cuando ideológicamente estuvieron tan distantes, sobre todo porque San Pedro, lo mismo que Jesucristo, se podría decir que no eran cristianos, era, indudablemente judíos, mientras que San Pablo, que no era judío, era ciudadano romano, fue, a mi modo de ver, el primer cristiano, el iniciador del cristianismo, el "inventor del cristianismo" si se puede decir así. Mucho me gustaría comentar y extraer todas las implicaciones que se puede sacar de este trío, pero no es este el foro adecuado.

    En el banco del retablo, en la calle de la izquierda tenemos a San Andrés y en la derecha a San Judas Tadeo. En la calle del centro el Expositor sacramental y el Sagrario. Su tamaño acredita su importancia y su posición central viene determinada por su función eucarística. El expositor sacramental tiene columnas salomónicas y termina en unos nervios que se cierran en forma de cúpula. Tiene dos pisos, en el de abajo está el Sagrario, un elemento imprescindible desde el Concilio de Trento (1551) donde se guardarían las hostias de la comunión diaria. Mas arriba una hornacina central mucho más grande parece encajada en el expositor de forma impropia pues no es del mismo estilo. Esta hornacina se supone sirve para la exposición de la Eucaristía dentro de la Custodia (ese elemento en forma de sol en el que se expone la hostia y que en nuestro pueblo se saca en procesión el día del Señor, la fiesta grande). En su puerta, y con una forma elíptica, tiene representada la imagen de la Anunciación pero está muy deteriorada.

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