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RETABLO DEDICADO A

SAN NICOLÁS DE BARI

TAMBIÉN CONOCIDO COMO DE LAS ÁNIMAS

 

 

    Es el retablo de San Nicolás de Bari porque está presidido, en el ático, por su figura, pero se le suele conocer más comúnmente como el Retablo de las Ánimas por el cuadro que figura en el cuerpo del retablo.

    Es de estilo barroco, pero no churrigueresco como otros retablos. Data del último tercio del siglo XVIII. El banco del retablo sólo tiene adornos dorados en buen estado y muy equilibrados.

   En el tronco, en la calle central, tenemos un lienzo no muy logrado, me parece a mi, y a sus lados a San Liborio y a San Antonio de Padua. Pero, sin duda, lo más llamativo es ese cuadro central en el que la Virgen, seguramente la Virgen del Carmen o simplemente la Virgen de las Ánimas, muestra, mirando hacia abajo y entregando un escapulario, cierta actitud misericordiosa hacia las almas que penan en el infierno, o, a mejor decir, en el purgatorio, porque parece que es como si la Virgen con el Niño, rodeada por un coro de ángeles, todavía pudiese rescatar alguna de esas ánimas que penan en el fuego sus pecados.

    Una curiosidad, si nos fijamos en el lienzo una de las almas que está en medio de las llamas tiene "tonsura". De niño nosotros, que todavía vimos clérigos con ella (de hecho permaneció vigente con Pablo VI, hasta 1972), la llamábamos "coronilla", que no es más que una pequeña zona circular afeitada de la parte superior trasera de la cabeza que llevaban los sacerdotes. Pues el detalle del cuadro es curioso porque eso quiere decir que también los clérigos pueden condenarse o, al menos, ir al purgatorio.

    Como ocurre en el retablo de la Virgen de la Misericordia que está enfrente, el espacio del cuadro está dividido en dos; un espacio superior ausente de pecado y un espacio inferior en el que el pecado es causa de terribles sufrimientos. Hoy día tenemos una concepción de la muerte muy diferente a la del siglo XVIII, sobre todo porque también tenemos otra concepción de la vida, y todo ello, evidentemente, porque tenemos otra vida. En realidad hoy la muerte es un tabú del que no se habla o se evita lo más posible, todo lo que tiene que ver con la muerte se esconde, se soslaya, se aparta o se lleva lejos, a los tanatorios. Antes en nuestro pueblo los velatorios se hacían en casa y el duelo y el luto estaban reglados, lo cual desde el punto de vista psicológico no era malo, todo el mundo sabía más o menos qué hacer y qué esperar. Todo eso ha cambiado, por eso hoy la muerte se encaja mucho peor seguramente que entonces. Pero volvamos al cuadro del retablo. En el siglo XVII, cuando más prolifera este tipo de representaciones, la muerte no sólo era algo más frecuente, guerras, epidemias, enfermedades incurables, sino algo más cercano, la muerte no era un tema tabú sino todo lo contrario, se hablaba de ella mucho más que ahora y se buscaba consuelo en la religión cuyo fundamento, no cabe duda, está en la idea de inmortalidad del alma y en la idea de premios o castigos eternos. Si embargo, según la mitología cristiana del momento el premio a veces no llegaba inmediatamente, sólo los mártires y los santos podrían gozar de este privilegio, por ello el común de los mortales tenían que pasar un tiempo, no se sabía cuánto, dependería de los pecados de cada alma, en el purgatorio. Al final de ese periodo transitorio las almas eran rescatadas y llevadas al cielo en presencia de Dios.

    La Iglesia Católica reconoce la existencia del Purgatorio en el siglo XII, pero es sobre todo en el Concilio de Trento (siglo XVI) cuando adquiere mayor difusión y por eso proliferan las representaciones iconográficas de las penas del purgatorio o del infierno como un reafirmante de la fe. Podría interpretarse que esta representación va contra las leyes del conductismo, puesto que según estos psicólogos que no tienen en cuenta ni el yo ni, por supuesto el alma, sería más disuasorio y más convincente una representación positiva del premio que una negativa de castigo como ésta. En cualquier caso en nuestro cuadro se representan las almas (es decir, los cuerpos, porque ¿cómo representar un alma que es una entidad metafísica espiritual y por tanto incorpórea?) aisladas, solas, desamparadas, en actitud de rezo y de petición de clemencia. Sus rostros están apenados mirando con actitud de apiadamiento hacia arriba mientras son purificadas por el fuego y esperan a que expiren sus pecados y cuando eso ocurra puedan ser rescatadas por un ángel que las lleve en la presencia de Dios.

    Mientras tanto la Virgen de las Ánimas (la del Carmen) tenía la capacidad de poder sacar del purgatorio a aquellas que tuviesen el escapulario. Por eso vemos tanto a la Virgen, redentora también, como al Niño, entregando escapularios. En otras representaciones es el niño Jesús sólo el que hace entrega de esos escapularios. Las almas solamente podían esperar, no podían hacer nada por salir de allí, esperar a que pasara el tiempo o esperar a que sus parientes vivos intercediesen por ellos rezándoles misas u ofreciéndoles indulgencias. Es evidente que a la Iglesia siempre le interesaron las creencias que reportaran emolumentos. Por eso muchas personas dejaban en sus testamentos donaciones a la Iglesia para que se celebrasen misas para que su alma no permaneciese mucho tiempo en el purgatorio. ¿No estará hoy la Iglesia yendo en contra de sus intereses materiales al no reafirmar este tipo de creencias o es por el contrario el racionalismo científico el que ha hecho que estas creencias decaigan? En cualquier caso la creencia en que existe un lugar intermedio de las almas antes de su descanso eterno permanece en el imaginario colectivo.

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