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VILLADEMOR: LA PLAZA y LA MONA

Un rollo con un león rampante

 

 

LA PLAZA

    

     LA PLAZA, aunque es el centro de la vida del pueblo, sin embargo, no está situada en el centro geográfico del casco urbano, éste, como si de un cuerpo orgánico se tratase, lo ocupa "la manzana-corazón" hoy a punto de ser rota por un nuevo proyecto urbanístico que si se lleva a efecto estropeará la estructura urbana que tiene Villademor desde hace siglos. En la plaza se encuentra el edificio consistorial, la iglesia parroquial, el consultorio médico, la casa de cultura (¿qué será eso?), y, sobre todo, "la mona" de la que hablaremos enseguida.

    En la plaza se celebra un pequeño mercado un día a la semana, así como las fiestas, que son muchas. Es el centro de reunión de los niños para jugar y un lugar apacible para charlar y encontrarse con alguien, tomar el cálido sol de invierno o también, en verano, colocarse a la sombra de los múltiples árboles que la pueblan y yo diría incluso que la ocultan.

    No se trata de una plaza regular, su estructura indica que no fue proyectada, que fue fruto de asentamientos sobrevenidos al azar pero no por eso muestra una forma irracional. No hay urbanismo irracional. Es justamente esa distribución no planificada lo que es indicativo de su singularidad y de su antigüedad. Ésta, además, viene confirmada por la antigua casa solariega de la familia de los Ordás, que, con su escudo de hidalguía del que ya hemos hablado, preside todo el conjunto.

    La plaza siempre se mostró diáfana, nunca estuvo tan poblada de árboles y fuentes como ahora, sólo algunas acacias y la mona te hacía detener la mirada. Pero a finales de los setenta o principios de los ochenta fue restaurada por el alcalde D. Pedro Borrego, muerto en trágico y fatal accidente, razón por la que posteriormente pasó a llevar su nombre, y en esa restauración fue cuando tomó el aspecto que tiene ahora. Estaba sin asfaltar evidentemente y alrededor algunas casas tenían una acera empedrada típica. Todavía algunas personas recordarán el empedrado del "rincón de Manuela" (así lo recordamos todavía los de la generación de los sesenta) y el gran albañal que permitía que saliesen las aguas de lluvia de la casa de los Ordás. La plaza estaba de tierra y hasta entonces, hasta los 80 cuando todavía había mucha chiquillería en el pueblo, era el centro de reunión y de juego de los niños y jóvenes. También el jardín de detrás de la iglesia era nuestro lugar preferido en verano. Además, en la plaza, donde ahora está el ayuntamiento, se albergaba la escuela de los chicos, en la esquina, la casa del maestro, y a la izquierda, donde ahora está la casa de cultura, es decir el bar, hasta el rincón de la calle mayor, la escuela de la niñas.

    Con su remodelación la plaza perdió el encanto propio de toda plaza de pueblo. Alrededor de la mona se instaló una fuente artificial demasiado pretenciosa a mi juicio que nunca funciona y cuando lo hace lo hace mal. No parece propia de una plaza de pueblo. Además impide reunirse y jugar a los niños en los escalones de la mona, como hacíamos entonces. Siempre "quedábamos" en la mona: lugar de citas, de juegos, de charlas, de fotos... ¿Quién no tiene una foto en la mona? La plaza fue poblada, como se puede ver en la foto adjunta, con demasiados árboles y todos ellos no autóctonos, lo cual hace que pierda su identidad y su antiguo encanto. Se olvidaron de repoblar las acacias que estaban cerca de la mona y las de enfrente de los portales de la iglesia. También se olvidaron intencionadamente de reemplazar el viejo y enorme tilo que daba sombra a la entrada del templo y tranquilidad a quien recogiese sus frutos. Se plantaron tantos árboles, la mayoría de ellos nada tienen que ver con la flora de un pueblo de la meseta, que no dejan contemplar ni la sencillez de la mona ni la grandiosidad de la iglesia parroquial, los dos estandartes identitarios de nuestra villa.

 

 

 

LA MONA

Un rollo que no picota

    

Cliquea en la imagen para verla en alta definición    Lo que popularmente se conoce como "LA MONA" es un conjunto escultórico de piedra mal conservado y mal restaurado, sobre todo lo segundo, que se compone de una escalinata cuadrangular de tres peldaños, una amplia basa sobre la que se asienta un fuste ligeramente deteriorado en su base, un capitel corintio, posible resto de algún templo romano según algunos, coronado por la figura de lo que seguramente fue en su día un león rampante, símbolo posiblemente de la justicia del reino al que perteneció. Pero dicho león está tan erosionado que ha perdido las patas delanteras y su cara ha perdido también los rasgos de felino que le corresponderían. En efecto, se parece más a una mona que al león que fue. De ahí entonces que no esté desacertado el sobrenombre con el que se conoce. Una designación, por cierto, que siempre me pareció jocosa, y que se mantuvo seguramente más por lo que tenía de satírica o burlesca hacia lo que representaba (la Justicia), que por el parecido que pudiera haber entre mona y león. Esto da idea de la consideración y deferencia que se ha tenido siempre por la "toga y los togados" en Villademor.

    El fuste (columna) está construido con un marcado éntasis (ἔντασις = intensificación). ¿Y qué es eso? Fijémonos en la foto, se ve bien claro: es aquella parte de la columna que tiene una mayor sección, que tiene un mayor diámetro, que es más gruesa en definitiva. Si nos fijamos la columna sobre la que se asienta el capitel y la mona no es recta ni mucho menos, sino que es claramente más ancha, y no en la parte inferior, ni tampoco en la mitad, sino a un tercio de su altura. Este método se emplea ya desde los griegos para lograr una mayor armonía corrigiendo efectos ópticos de tal modo que con ello se consigue una  mayor esbeltez del fuste. Si no se hiciese así, si el fuste se hiciese completamente recto, desde lejos daría la impresión de ser más delgado en el centro y daría con ello la impresión de desproporción y de ser un monumento poco sólido.

   El conjunto fue restaurado a principios de los ochenta, no lo sé con seguridad, lo que sí sé es que ya había sido declarado Bien de Interés Cultural. Toda la escalinata fue sustituida porque la anterior estaba muy deteriorada, hasta el punto de que las piedras de la escalinata estaban desprendidas del conjunto y todo ello amenazaba ruina. No obstante, la piedra elegida para la restauración no fue la mejor, es mucho más silícea que la anterior, contrasta demasiado por su color y consistencia con la piedra arenisca del fuste y del resto del monumento. Además fue colocada en el centro de un estanque de modo que lo que antes era accesible a todos para jugar, hacerse fotos o sentarse a charlar, quedó convertido en lo que nunca fue: un monumento meramente ornamental, inaccesible y aislado. Yo me pregunto: ¿para qué en 1963 fue declarada Bien de Interés Cultural (o como gustan decir los más pedantes, un BIC) si su restauración fue un parche, un recosido, una compostura mal conjuntada? ¿Para qué se declaran algunos monumentos como bienes de interés cultural si después nadie vigila ni el proyecto, ni el resultado de las restauraciones? Cuánto más cuidado hubiesen tenido los restauradores, y quizá también los políticos que se lo consintieron, si todavía hubiesen estado vigentes las ordenanzas de las que este monumento era el símbolo.

     El monumento ocupa el centro geográfico y neurálgico de la plaza y es, sin duda, uno de los monumentos más emblemáticos. Es uno de los símbolos históricos, fundacionales e identitarios de la villa en cuanto tal villa como veremos más adelante. Se trata de un rollo, no una picota como algunos sostienen, aunque la diferencia entre uno y otra es oscura y confusa. La diferencia es conceptual y simbólica más que estética, artística o funcional. Evidentemente tampoco es un crucero o cruceiro, éstos son más típicos de Galicia como todo el mundo sabe. Éstos se caracterizan porque en lo alto se asienta siempre una cruz, generalmente con un Cristo, lo cual, evidentemente, no es el caso de nuestra "mona".

    ¿Y por qué sostengo que es un rollo y no una picota? Por varias razones. Una de ellas es que las picotas suelen ser más antiguas que los rollos, aparecen en torno al siglo XIII, y en esta época es muy posible que ni siquiera existiera nuestro pueblo como tal, y si existía no era un lugar jurisdiccionalmente independiente en donde se pudiese administrar justicia o llevarse a cabo algún ajusticiamiento. En cualquier caso las picotas, no nos engañemos, no podían servir directamente para ajusticiar a los reos. En ellas, bien pensado, difícilmente se puede dar muerte a nadie. No sirven para dar garrote, éste método es mucho más moderno, es del siglo XIX, ni para utilizar ningún otro método. Las picotas sirven principalmente para la exposición de los reos a la vergüenza pública, quizá para ser azotados, untados de miel, colocados en el cepo, etc. y quizá para ser mutilados, pero no más. De hecho la pena capital era casi siempre la horca, y no se llevaba a cabo en ellas, físicamente es imposible. La más antigua noticia de la existencia de picotas la tenemos en las Partidas de Alfonso X El Sabio. «La setena es cuando condenan a alguno a que sea azotado o herido públicamente por yerro que hizo o lo ponen por deshonra de él en la picota, o lo desnudan haciéndole estar al sol untado de miel porque lo coman las moscas alguna hora del día.» (Ley IV, Tít. XXXI, De las penas y de las naturalezas de ellas, Partida Séptima.) Es verdad que siguieron construyéndose picotas siglos más tarde, incluso hasta el siglo XIX según el parecer de algunos historiadores. No obstante, a pesar de lo dicho, como conocemos que en Villademor nunca se llevó a cabo ningún ajusticiamiento en la supuesta picota, suponemos por eso, y por otras razones que vamos a añadir más abajo, que es un rollo más que una picota. Bien es verdad que particularmente no sé si alguna vez se administró justicia pública ante ella en relación a delitos menores y si se llevó a efecto algún castigo menor bajo su sombra. Quedamos a la espera de que algún historiador investigue tal detalle y aporte los datos que desconocemos.

    Los rollos y las picotas en aspecto son tan similares que estéticamente son indiscernibles. Que yo sepa no hay ninguna característica artística o arquitectónica que sea propia de uno y que no podamos encontrar en la otra, de tal modo que examinando un monumento de estos difícilmente podemos decidir si se trata de rollo o picota. Para decidir tal cosa hay que fijarse en consideraciones externas al propio monumento. Debemos fijarnos en los aspectos históricos asociados: cuándo se erigió, cómo y, sobre todo, por qué. De entrada sabemos que los rollos, a diferencia de las picotas están asociados a los señoríos y empezaron a proliferar a partir de los siglos XIV, XV y XVI y no son más que símbolos jurisdiccionales. Por eso los rollos solo pueden estar en las villas, no fuera de ellas. No obstante, es cierto, los rollos a veces también hacían las veces de picota, pero las picotas nunca podían hacer el oficio de rollos.  Los rollos, la función jurisdiccional, la picota, exclusivamente la función penal. Por eso los primeros sólo se erigían en las villas, las picotas en cualquier sitio que se requiriese. Pero ambos monumentos se colocaban en lugares muy visibles, bien para mostrar su independencia jurisdiccional frente a otras villas, bien para mostrar a todo el pueblo su función coercitiva y ejemplarizante.

    Nuestra "mona" es un símbolo conmemorativo que marca el inicio de nuestro villazgo al menos desde un punto de vista jurisdiccional, una marca territorial que señala un centro de poder o de justicia diferente a otros y frente a otros. Los rollos se erigían en general por orden real dando rango de villazgo a ese asentamiento bajo el régimen eclesiástico, de realengo o señorío. Incluso en las nuevas ciudades de Hispanoamérica se erigían rollos como símbolos fundacionales de la nueva ciudad que allí se iba a sentar. De tal modo que en el siglo XVI era común, en la fundación de nuevas ciudades o en el reconocimiento de villas, erigir un rollo. Recogemos a modo de ejemplo, sólo por el mero hecho de ser muy conocido, pero también porque  puede tener cierto paralelismo con nuestro rollo, lo que el acta de fundación de la ciudad de Córdoba (Argentina) dice al respecto y que data de 1573, un siglo antes de que se erigiese el nuestro.  Estamos hablando, pues, de un proceder jurídico similar. El documento dice así:

   "Como leal vasallo de Su Magestad y en señal de poblazon e fundaçion, en nombre de la Magestad Real del Rey Don Felipe nuestro señor, mando poner e puso un arbol sin rama ni hoja, con tres gaxos por rollo e picota e dixo que mandava e señalava ally fuese la plaça de la dicha Ciudad de Cordova e que en este lugar se execute la Real Justiçia publicamente en los malhechores, el cual dicho rollo e picota quedo puesto e hincado donde el dicho señor Governador mando e señalo...".

     Nuestro rollo, no obstante, no se erigió como rollo fundacional, es evidente, Villademor ya existía como asentamiento rural mucho antes del siglo XVII.  Y, aunque sea una digresión, nos podemos preguntar: ¿desde cuándo existe nuestro pueblo? En nuestra iglesia he encontrado documentos que datan de 1553. Pero nuestro pueblo es anterior. Por otra parte tenemos referencias de que existen documentos de 1430 que citan el concejo de Villademor. Luego, sabemos que en el siglo XV ya existía. Pero tenemos documentos más antiguos todavía. Un documento de un rey de Asturias en el que figura ya el nombre de nuestro pueblo y el de su iglesia. Se trata de un documento testamentario en el que el Rey dice donar a la Iglesia de Oviedo no sólo estas tierras sino otras muchas villas de la comarca. Me estoy refiriendo al Testamento de Rey Ramiro (rey sin reino en realidad), hijo de Alfonso III El Magno, donde se corrobora la donación que había hecho su padre a la Iglesia de Oviedo y que se conoce como Donación de Alfonso III a la Iglesia de Oviedo. Son dos documentos que no deben confundirse. Este último es mucho más conocido que el de Ramiro. En el de Alfonso se mencionan, por cierto, muchos de los pueblos de nuestros alrededores, pero no el nuestro. Se nombra entre otros a: "Coianka" (Coyanza),  "S. Aemiliani" (San Millán), "villa Mañan" (Villamañán), "Zuares" (Zuares), "Lagunam" (Laguna), etc. Sin embargo, el nuestro no se cita, se cita en el Testamento de Ramiro, en el que se vuelve a citar a "Coianca", ahora escrito con otra grafía, y también a algunos pueblos ya nombrados como "villam Mañam" o "S. Emiliani", pero añade algunos diferentes, como "Populaturam" (Pobladura) o nuestro "villam de Amor cum Ecclesia S. Petri". ¿Está aludiendo aquí Ramiro a nuestro pueblo? No cabe duda, ¿si los otros son los de al lado por qué no iba a ser este el nuestro? El problema añadido ahora es datar este testamento. Porque la Donación de Alfonso III (padre) sabemos que data de principios del siglo X, en torno al 905-908 aproximadamente. Pero ¿qué fecha exacta es la del testamento de Ramiro? En el testamento figura la fecha siguiente: "Facta scriptura testamenti nono Kalendas Octobris Era DCCCCLXIV", es decir: primeros de octubre del año 964. Como sabemos que estas fechas están siguiendo el cómputo temporal de lo que se llama la Era Hispánica tenemos que restarle 37 años para que nos dé la fecha exacta. Luego el testamento data del 927. Así pues a principios del siglo X se cita ya nuestro pueblo y su iglesia, "Ecclesia S. Petri", eso quiere decir que podemos asegurar que en el suelo que pisamos hoy en Villademor muchos años antes ya había un asentamiento permanente. Posiblemente a mediados del IX. Con eso, de momento, es más que suficiente. Ahora, después de esta digresión, volvamos a nuestro tema, "la mona".

     Nuestro rollo, "la mona", lo que en su día fue un león rampante, se erigió en torno a 1660 como símbolo de autonomía o independencia jurisdiccional respecto de Valencia de D. Juan. Y decimos esto porque es coherente con la fecha (1656) en que Felipe IV  posibilitó la independización y venta de jurisdicciones sobre todo por motivos económicos, es decir, para recaudar más dinero con ello. En definitiva, "la mona" no es más que un símbolo de lo que fue una villa asentada bajo relaciones de señorío o vasallaje que se independizó (yo creo que sólo jurisdiccionalmente) de los supuestos abusos (multas, impuestos, etc.) de los corregidores de Valencia de D. Juan que administraban justicia, al parecer, en perjuicio casi siempre de nuestro pueblo que todavía, según parece, no sería aún una Villa en términos jurisdiccionales. Así entonces el pueblo logró ese título de villazgo, con su autonomía jurisdiccional, a partir de que Felipe IV (1656) permitiese la venta de jurisdicciones. No obstante, no está tan claro que las ordenanzas del concejo de la villa no tuviesen que seguir siendo sancionadas por el Conde de Valencia de D. Juan. Algo de esto relata D. R. Gutiérrez Álvarez en su libro: Villademor de la Vega. Historia, cultura y arte, Salamanca, 2010, p. 59 y ss. Lo que no cuenta es por qué antes de esta fecha Villademor es contemplado ya como una villa. Aquí hay algo evidentemente que se nos escapa, a mí por lo menos. Tendré que hacerme con datos históricos objetivos de los que de momento no dispongo. Por todo eso parece más que claro que nuestra "mona" (león) no es una picota, como parece mantener, aunque no con mucha claridad, D. R. Gutiérrez Álvarez (op. cit. p. 61) en donde se haya ajusticiado a nadie, como hemos dicho, sino un rollo jurisdiccional símbolo de poder y de autonomía jurisdiccional. Y la mención y oscura asociación que hace este autor (op. cit. p. 61) del topónimo "Pico Horca" es poco claro y no lo documenta. Es más, este topónimo, que no negamos, pude obedecer a que la calle así denominada tenga ese nombre más por la forma que ella tiene que por los acontecimiento que en ella pudieran haber ocurrido. Porque ésta tiene forma de encrucijada al dividirse en tres como si de una horca se tratase (V. foto). De todos modos esto es tan especulativo como lo de D. R. Gutiérrez. Para dirimir esto habría que tener más datos históricos.

    Así y todo, nuestro rollo, nuestra "mona", está milagrosamente en pie. Y lo está no sólo a pesar del deterioro de los siglos y a pesar de las desafortunadas restauraciones que ha sufrido, de los juegos, fiestas y vejaciones que a lo largo de los años los mozos y los chicos la han propinado, sino que lo más curioso es que está en pie a pesar de que un Decreto de las cortes de Cádiz había mandado su demolición. Veamos los detalles.

    Los rollos, bien mirado, son un símbolo feudal. Por eso a partir de la Constitución de Cádiz de 1812 se pierde definitivamente la noción de vasallaje y comienza a imponerse con fuerza la de ciudadano que es un concepto muy diferente.  El ciudadano no actúa ni se siente lo mismo que el vasallo. Por eso a partir de ahora pierden sentido y beligerancia los rollos que pasan a ser símbolos de otra época, símbolos del Antiguo Régimen. Y decimos esto porque es justamente en 1813 cuando pierden su vigencia política ya que un decreto de ámbito nacional, ahora ya podemos hablar de nación política y no de un reino regido por señoríos y vasallajes, dictamina que "los Ayuntamientos procederán a demoler todos los signos de vasallaje que haya en sus entradas, puesto que los pueblos de la nación española no reconocen jamás otro señorío que el de la Nación misma, y que su noble orgullo sufriría tener a la vista un recuerdo continuo de su humillación". Sin embargo nuestro pueblo no lo demolió. ¿Será eso signo de su ideología conservadora y su adhesión al Antiguo Régimen? No lo sabemos, pero no tiene por qué. Tampoco en otros pueblos se destruyeron las picotas o los rollos, seguramente porque terminaron constituyéndose en reliquias o monumentos identitarios de las villas como es nuestro caso. El hecho de que "la mona" no fuese demolida seguramente también tenga una explicación histórica y es que como las leyes de las Cortes de Cádiz fueron, en su mayor parte, suprimidas por Fernando VII, este decreto dejó de aplicarse y en Villademor, muy monárquicos ellos posiblemente, no llegó a surtir efecto tal mandato. Lo cierto es que incluso hubo otro Decreto de la regente Mª Cristina que, dado que el decreto emanado de las Cortes de Cádiz no se llevó a cabo, mandó en 1837 la demolición general de todos los rollos como símbolo de vasallaje. De esta orden de demolición también se libró nuestra "mona". Sea por lo que fuere lo cierto es que parece que las autoridades de Villademor nunca fueron muy obedientes. La mona no fue demolida. ¿A ver si lo que no pudieron los Decretos reales van a lograrlo las poco cuidadosas restauraciones hechas en democracia?

   Por último, como ya dijimos, en 1963 fue dictaminado un Decreto de protección de todos estos monumentos declarándolos Bienes de Interés Cultural. De este modo quedaban al cuidado de los ayuntamientos y no podían ser restaurados sin autorización. Posteriormente ha aparecido nueva legislación autonómica más explícita sobre la protección de estos monumentos que, como aquellas órdenes de demolición pasadas, no han servido, al menos en nuestro pueblo, para que se respeten, se cuiden o se restauren bien estos monumentos emblemáticos de tantos pueblos de León y de Castilla.

 

Otras imágenes de la plaza

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