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VILLADEMOR:

LA ERMITA, LA VIRGEN, LA PIEDAD

 

 

 

 
 

EXTERIOR

 

 

    Villademor es uno de los pocos pueblos de la comarca que conserva no una, sino dos ermitas. Una de ellas es la de la Virgen de la Piedad. Ha sido recién restaurada (2010) y su restauración, como ocurre casi siempre en estos casos, no ha estado exenta de polémica. Véase cómo estaba y cómo está (imágenes adjuntas). Que cada cual juzgue. Se ha perdido el edificio anejo a la torre, que le añadía más volumen y heterogeneidad al conjunto, sin embargo, la cubierta, fundamental para la conservación de todo el edificio, parece estar muy bien a pesar de la dificultad añadida de la pendiente tan acusada que presenta. Sin embargo, no se trabajó en absoluto ni se restauraron las zonas dañadas del empedrado de los soportales, cosa que sí se hizo en la ermita del Cristo y con un magnífico resultado. No obstante, el empedrado es precioso. En él hay incrustados huesos, a mi me parecen de oveja, lo que vulgarmente se llamaban tabas, haciendo figuras geométricas muy logradas y no sé si con algún simbolismo. Evidentemente hoy ese tipo de hueso no abunda mucho y hubiese sido difícil restaurarlo, pero tampoco se han esmerado en el restablecimiento de algunas otras zonas del empedrado. Se ha perdido con ello una de las particularidades más notables que tenía la ermita. También se han perdido las acacias que había en el frente. ¡Qué manía tienen, parece, los constructores con los árboles! ¿Qué les hubiese costado reponerlos de nuevo o conservarlos? Sin acacias parece que la ermita está despoblada, abandonada, desolada. Pero no tardarán mucho tiempo hasta que alguien en algún despacho se le ocurra remediar esto con algo peor y mandar plantar algún árbol de otras latitudes, algún abeto, pino o similar que desdibuje el conjunto.

    Tampoco han cuidado la parte trasera, la fuente, antes fresca y agradable en verano, ahora no invita a ir. Se podría haber sacado mucho partido a un lugar que siempre era muy visitado y lo que antes estaba repleto de vegetación ahora parece yermo. Espero que eso se rehabilite más adelante porque costaría, pienso yo, poco dinero e invitará al paseante a acercarse hasta la ermita, quien sabe si también a reflexionar sobre lo que la ermita representa: la VIRTUD de la PIEDAD que es de lo que se trata. Virtud, por cierto, que acrecienta su dominio y aparece con mayor profusión en tiempos de crisis como sabemos, pero que, por el contrario, pienso que habría de hacerse tanto más innecesaria cuanto más justicia social hubiese. Con esto ya digo bastante, hay piedad innecesaria. Dejemos las ermitas de la piedad para consuelo de las desgracias inevitables que no dependan de nosotros y luchemos por una mayor justicia social que evite mostrarse compasivo donde simplemente habría que aplicar otros remedios que sí dependen de nosotros.

    El templo data del siglo XVII y no ha sido ésta la primera restauración. Según parece ya hubo otra importante en el año 1759 según se hace constar en la piedra incrustada en la pared del ábside y en donde dice: "AÑO Ð 1759 - BIBAN TODOS LOS BIENEZHORES". Es en esta restauración seguramente cuando se amplió esta última sección del camarín que después comentaremos.

    Está construida principalmente de tapia real. Se llama así a aquella forma de tapiar en la que la tierra se mezclada en un porcentaje variable (en torno un 10 o 15 %) con cal apagada en polvo. Eso le da más consistencia y perdurabilidad. En cualquier caso las esquinas son en su mayor parte de ladrillo lo mismo que el camarín. Hay incluso algunas partes de adobe.

    Su planta está dispuesta en dirección oeste-este aunque ligeramente (des)orientada hacia el este-sureste. Consta de una sola nave aunque por el lado sur sobresale la sacristía ¿?. Está rodeado por el norte y por el sur de sendos soportales, con columnas de fuste de madera, basas de piedra. La cubierta de estos soportales continúa la del cuerpo central del edifico dando con ello una sensación de monotonía pero no por eso perdiendo la elegancia del conjunto. No obstante, los soportales, finamente empedrados, hacen que la solitaria ermita sea más acogedora y hospitalaria al visitante. La monotonía del tejado por la parte norte se rompe con la porticada a tres aguas de la entrada principal que la cubre con una altura más elevada a la del conjunto. La puerta de entrada es amplia y sólida con arco escarzano de ladrillo. Las zapatas del pórtico, no recuerdo si las del resto de los soportales, están elegantemente talladas con unas finas estrías.

La torre, de planta cuadrada, no muy grande, no muy alta, está situada en el lado suroeste. Queda deslucida porque sobre ella, por el lado norte, descansa el empinado tejado lo que obligó a que por el lado sur se tuviesen que poner unos contrafuertes que también dejan deslucida la torre. Ésta es de ladrillo, tiene un único campanario y está rematada con una cubierta a cuatro aguas y un chapitel que termina en una veleta y una cruz. La restauración desgraciadamente no conservó el colorido de la cerámica de colores que tenía la cubierta. Tampoco se conserva la casa del ermitaño que debió de existir hace muchos años.

 

 

INTERIOR

 

  

     La estructura interior del templo es simple. Si lo vamos recorriendo de arriba a abajo y de atrás hacia delante vemos lo siguiente.

    En primer lugar, nada más entrar, llama la atención el precioso y bien trabajado artesonado que, aunque muy sencillo, pues no tiene ningún elemento decorativo, recuerda a algunos otros artesonados más representativos del arte mudéjar y que no están lejos de Villademor como por ejemplo el de la iglesia de Alija del infantado. Lo de artesonado, según lo entiendo yo, se llama así porque tiene la forma de artesa invertida y, en efecto, esa forma tiene el techo de nuestra ermita. Consta de una docena de tirantes, más o menos, y un sinnúmero de alfardas (cuartones) dispuestas a poca distancia unas de otras, bien acopladas y anguladas. Y todo ello en un excelente estado de conservación. Quizá haya sido la disposición del artesonado la que haya determinado la impresionante pendiente que tuvieron que dar al tejado.

 

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    Si seguimos describiendo los techos vemos que una vez pasado el artesonado principal llegamos a la capilla mayor. En ella el techo toma la forma de una bóveda en la que las cuatro pechinas (los espacios de transición que median entre las paredes que cierran el recinto terminando en arcos y la cúpula semiesférica) están aprovechadas para pintar en cada una de ellas un personaje bíblico con una leyenda. Veamos:

  • En una de ellas encontramos al rey David tañendo la lira y cantando, suponemos, el salmo 21 que aparece debajo en una inscripción latina y que reza así: "Deus, Deus meus, quare me dereliquisti? Psalm. 21", "Dios, Dios mío, ¿por qué me abandonaste?". Se trata del Salmo 21 como dice la inscripción más abajo, pero llama la atención que la abreviatura es "Psalm.". Es la abreviatura de la palabra latina "psalmus", que, a su vez, proviene del griego "ψαλμός" que significa tañer un instrumento y también recitar una canción o un salmo, por supuesto. En definitiva, porque en latín la palabra salmo procedente del griego todavía no había perdido la "p" de "psalmós".
  • En otra pechina aparece el personaje de Simeón con una pose de amanuense. Simeón es quien predice a la Virgen María, cuando ésta lleva al Niño al templo, el destino doloroso, también para ella, de su Hijo, por eso dice: "Tuam ipsius animan pertran sibit gladius. Lucas, Cap.", "A ti misma una espada te traspasará el alma" (Luc. 2, 35). Una frase de difícil interpretación, sin duda. Sólo un detalle, Simeón predice que una espada atravesará su corazón, pero se dirige a ella, no a José, que también está allí presente. ¿Por qué? ¿Porque sólo es el padre putativo? Supongo. ¡Hala! ya tenemos para pensar... y más aún si se lee el versículo anterior...
  • En la siguiente pechina tenemos a Isaías que en actitud oratoria o quizá profética como le corresponde, nos trasmite el siguiente mensaje, incompleto pero con sentido, sacado del libro de Isaías 53, 5: "Ipse [...] vulneratus est propter iniquitates nostras [...] et livore eius sanati sumu[s]", "Él mismo ha sido herido por nuestras injusticias [...] y por sus moratones hemos sido sanados".
  • Hay una pechina en la que no se distingue ni el personaje ni la inscripción. ¿Alguna gotera? Quizá, pero se ha borrado
  • Estas cuatro pechinas, estos cuatro puntos cardinales se orientan todos hacia el centro de la cúpula cuya clave es un medallón policromado que representa la Piedad. Todo parece apuntar hacia ella, todo se cierra en ella, todo lo preside ella, parece, pues, fundamental.

(Fuente de esta imagen: GUTIÉRREZ ÁLVAREZ, R.; Villademor de la Vega. Historia, cultura, arte, Salamanca, 2010, p.167)

     ¿Por qué estos personajes? ¿Por qué estas leyendas? ¿Acaso tienen todas algo en común? Parece claro que sí. Todas presuponen la labor redentora de Jesús pero, a la vez, todas presuponen dolor, mucho dolor. Sobre todo el dolor inmerecido, que es la antesala de la piedad. Porque la piedad, a la que está dedicada esta ermita, no lo olvidemos, en realidad no es más que la participación de una determinada manera en el dolor ajeno. La piedad es un tipo de com-pasión o, si se prefiere la etimología griega, de sim-patía. Es, en muchos casos, un tipo de sentimiento, o al menos se mezcla con sentimientos, lo cual, según mi parecer, la puede alejar de las virtudes racionales, es decir, de las virtudes. En cualquier caso es innegable que la piedad tiene que ver con un sentimiento de compasión o conmiseración que tenemos ante los que sufren alguna desgracia inmerecida. Espinosa, mi moralista favorito, dice (cito de memoria) que la compasión es una tristeza por el mal ajeno inmerecido. En cambio, la tristeza por el mal ajeno merecido sería más bien la misericordia. La diferencia entre una y otra es, pues, sutil.

    Así pues esta ermita se edifica en honor a la PIEDAD, porque se trata de ensalzar la virtud de la PIEDAD, por cuanto tiene de necesaria e incluso por cuanto tiene de soteriológica o salvífica. La compasión, en efecto, implica cierto grado de asimetría, eso es también lo que tiene de perversa, el que se apiada parece estar siempre por encima del apiadado, pero, a la vez, cierto grado de empatía y, por tanto, un ponerse en el lugar del otro. Y eso mismo hizo Jesucristo según la teología cristiana, ponerse (completamente) en el lugar del hombre, hacerse hombre nada menos, para sufrir como un hombre y, esto ya no lo entendemos, salvar al hombre muriendo por el hombre, por compasión hacia él. Tenía razón F. Nietzsche, Dios muere de compasión por el hombre. Pero no sólo Dios es compasivo con el hombre, sino que ha de serlo también el hombre consigo mismo y por eso, los compasivos serán bienaventurados: "μακάριοι οἱ ἐλεήμονες, ὅτι αὐτοὶ ἐλεηθήσονται", “bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”, palabras que el evangelista Mateo asigna al propio Jesús (Mt. 5, 7). Sin duda ha sido la moral cristiana tradicional la que más ha defendido la compasión y la piedad como virtudes que participan del sufrimiento del otro y como elementos afectivos concomitantes con la caridad. La piedad, motivada por el sentimiento o porque no deja de ser un mero sentimiento, nos lleva por un camino más corto a la caridad, la virtud por antonomasia del cristianismo. Pero hoy, es evidente, corren malos tiempos para la piedad, tampoco muy buenos para la caridad y por ende para el cristianismo. ¿Qué tiene de malo esta virtud?  Y, si lo tiene, ¿cómo podría seguir siendo virtud? ¿Quizá debería dejarse de ser considerada como una virtud para no ser vista más que como un mero sentimiento? Es cierto que la piedad y la compasión no están muy bien vistas, pero ¿cuándo lo estuvieron? Siempre han tenido sus detractores incluso entre los propios cristianos. El que quiera saber más sobre esto vid. mi análisis sobre la Compasión y otras virtudes anejas.

 

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   Seguimos con la descripción de los techos, en la última sala situada detrás del altar, se encuentra una joya, un tesoro olvidado y omitido por casi todos los que han hablado de esta ermita. Se trata de la cúpula del camarín. Una pequeña cúpula barroca, profusamente adornada, policromada y dividida en ocho secciones por columnas corintias de yeso en bajorrelieve que dan la impresión de ser los nervios de la cúpula y entre las que se han intercalado adornos florales, ángeles bellamente pintados y en distintas posturas que seguramente tienen algún simbolismo desconocido para mi. Las pechinas también están profusamente adornadas con juegos florales y con alguna inscripción que habremos de anotar, fotografiar y comentar en otra ocasión. El juego de colores entre los que predominan el blanco del yeso, el azul y el rojo de los florones y angelotes hacen que el conjunto consiga una simetría y una armonía admirables a lo que ayuda la luz abundante provinente de tres ventanas pequeñas pero suficientes para iluminar sobradamente el interior.

    No hemos de olvidar en dónde se encuentra esta joyita inadvertida e ignorada por el común de los amantes del arte y del patrimonio de nuestra comarca. Además está en perfecto estado de conservación lo cual es loable para un pueblo sin medios económicos para sostener verdaderas obras de arte encomiables como esta. Yo reto desde aquí que cualquiera de los entendidos y no entendidos en el arte eclesiástico encuentren en edificios similares y aun más distinguidos que éste una joya tan lograda como esta y no entiendo como no hay colas de turistas o peregrinos para visitarla y admirarla, pues se podría decir que en término generales tanto la virtud de la piedad, como el amor al arte, son ambos un tipo de admiración. Hace falta resaltar, no obstante, una excepción pues tuvo que ser notable la admiración que le produjo este templo a D. José Luís García Grinda que en sus dos tomos lujosamente editados por la Diputación de León y titulados Arquitectura popular leonesa, León, 2007, sí la tiene en cuenta. De esa obra hemos sacado algunas imágenes de la planta y el alzado que se ven en esta página.

 

 

 

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Bajamos de los techos para describir el resto del conjunto arquitectónico. Para ello, de nuevo, vamos a hacer un recorrido de atrás hacia delante siguiendo la división del templo en varias secciones según entramos por la puerta:

  • Primera sección: La que queda a la derecha según se entra es lo que podríamos identificar con un coro. Está más elevado que el resto del templo y para acceder a él hay que subir unos cuatro o cinco escalones. Está separada del resto por una tosca verja rematada como si de un jardín rústico ser tratase y su atractivo artístico sería nulo si no fuese porque tiene una sillería que, aunque simple, es relativamente digna de mención.

  • La segunda sección, la más amplia, es la que cubre el artesonado que hemos descrito (aunque éste también cubre el  coro). Está lleno de bancos de madera y sus paredes están desnudas y sólo lucen unos pequeños crucifijos que representan quizá el vía crucis. Tiene en la pared sur tres pequeñas ventanas en la parte superior para dar luz al conjunto. En la pared norte no tiene ninguna, como los soportales de ese lado son la continuación de la cubierta principal no pudieron abrir ninguna ventana. No ocurre así en la parte sur porque la cubierta de los soportales no son la continuación de la cubierta principal. En la pared norte todavía se conserva un púlpito decorado sin mucho gusto en azules, rojos y amarillos. Al otro lado se conserva todavía un confesionario.

  • La tercera sección, está separada del resto por una especie de cancela de barrotes, de madera gordos y perfectamente torneados, que tiene dos puertas practicables que están siempre abiertas. La verja sirve muy bien para dividir la ermita en dos ambientes. No obstante, a pesar de los barrotes, desde la parte posterior se ve igualmente al sacerdote oficiar la misa. La capilla tiene tres retablos, uno central, con un ara donde oficiar la misa, y otros dos laterales sin ella. El central está un poco más elevado y recogido tras una pequeña verja metálica y bajo una pequeña bóveda escarzana decorada con pinturas geométricas poco vistosas pero que cumplen bien su función de evitar el horror vacui propio del arte barroco. El recinto también tiene bancos de madera y tres retablos, uno central que, como es lógico, está dedicado a la Virgen de la Piedad, y dos laterales.

       El de la izquierda, con una sola calle, suponemos que está dedicado a S. Pedro, porque parece ser él el que lo preside dado que su cabeza está cubierta con una tiara papal. Es de estilo barroco y del siglo XVIII. Debajo de S. Pedro hay una figura que no sabemos identificar.

        El retablo de la derecha es también muy sencillo, de una sola calle. En el ático hay una figura episcopal con su mitra, y en el cuerpo central tiene las figuras Sta. Ana, la madre de la Virgen, que conduce de la mano a María niña. El retablo también es del siglo XVIII de estilo barroco. Ambos retablos tienen en común que entre el ático y el cuerpo, en la calle central, está representado el Espíritu Santo en forma de paloma.

       El retablo central es más completo y tiene tres calles. En el ático, en la calle central, tiene un cristo en el calvario. Las calles laterales sólo contienen juegos florales de relleno. En el cuerpo, en las calles laterales no hay esculturas sino que tienen sendos óleos de santos que no hemos intentado identificar. En la calle central está, como no podía ser de otra forma, la representación pictórica de la Virgen de la Piedad. El retablo es del siglo XVII.

      Creo recordar que era en esa parte de la ermita en donde se colocaban por las paredes infinidad de exvotos de toda índole y condición que han sido retirados ya desde hace mucho tiempo. Recuerdo de niño haber visto ahí multitud de fotos de parientes y de personas anónimas, pero, sobre todo, lo que más me llamaba a atención era que había muchos vestiditos de niños pequeños y, lo que más recuerdo, alguna mano y algún pie de cera.

       Pero ¿qué es un exvoto? Permítaseme hacer un excursus. "Ex-voto" es una palabra compuesta como se puede apreciar. "Votum" proviene del verbo "vovere", que significa hacer una promesa religiosa a cambio de un favor, o, simplemente, expresar un deseo. De ahí vienen expresiones ya consagradas como hacer votos de castidad o de pobreza o de matrimonio o simplemente votar, que no es más que expresar el deseo de que nuestra elección sea la elección también de otros para que lo que hayamos votado sea elegido. Podríamos decir que el verbo vovere es el verbo de la democracia, aunque los latinos, curiosamente, para nombrar ese concepto del voto democrático preferían utilizar el término suffragium o suffragor. En cualquier caso, de la misma raíz vienen términos religiosos como de-voción o de-voto, así como la que nos ocupa, ex-voto. De modo que reflejan todas lo mismo; el deseo o la promesa de que algo se cumpla. De esa manera la palabra que en un principio hacía sólo referencia a un deseo, con el tiempo pasó a nombrar, por metonimia, el objeto donado para que se cumpliese el deseo. El prefijo ex- lo único que añade al término es la procedencia, es decir, el deseo (voto) de (ex) alguien.

        No obstante, el exvoto, sobre todo en el catolicismo, no así ya tanto en otras religiones más antiguas, yo creo que se ofrecía religiosamente después del favor recibido no antes. Esto es algo que tendría que investigar porque no lo tengo muy claro. Y así creo yo que se hacía en Villademor, que los exvotos allí expuestos eran por los favores recibidos de la Virgen de la Piedad previo ofrecimiento a ésta de alguna misa u otra cosa o quizá el mismo exvoto, es lo que no tengo claro. Los exvotos casi siempre eran o bien la representación en cera de alguna parte del cuerpo de la persona ofrecida o bien alguna pertenencia personal. Por eso había tanto prendas, fotos o figurillas de cera que se dejaban en la ermita como recuerdo de aquel favor en ocasiones tomado como milagroso. Los exvotos en ningún caso era exigencias que se presentaban a la Virgen para que curase al enfermo, no, ese no es un proceder propiamente religioso, eso más bien es propio del chamanismo o de la magia en donde el oficiante exige a los espíritus que cumplan su deseo si su ritual está bien ejecutado. No obstante, el ofrecimiento de exvotos tiene algo propio del proceder de la magia por cuanto parce cumplir con las dos famosas leyes de la magia (simpática) estudiadas por Frazer: la ley del contagio o contacto, y la ley de que lo semejante produce lo semejante (Vid.: FRAZER, J. G.; La rama dorada, FCE, 2006).

 
 

LA TALLA

 

 

Se trata de una talla anónima hecha en madera policromada, bien conservada y que data de 1570 aunque esta datación es muy insegura. GUTIÉRREZ ÁLVAREZ, R.; Villademor de la Vega. Historia, cultura, arte, Salamanca, 2010, p. 165 es mucho más prudente porque se limita a afirmar que es de entre los siglos XV-XVI. Nos vale con eso. Es posible que tenga alguna relación con la Virgen del Camino porque mi madre siempre dice, de habérselo oído a su padre, Nemesiano Prieto, que las dos Vírgenes eran "hermanas", porque habían sido talladas del mismo tronco. No sé que habrá de cierto en esto pero parece poco probable porque la del Camino fue tallada mucho antes entre 1502 y 1514. No obstante, si así fuese se podría pensar que el autor sería el mismo. Para la Virgen del Camino se barajan dos posible autores: Roberto Herrera o Juan Alonso. ¿Sería alguno de estos el autor de nuestra Piedad? Es muy difícil saberlo, pero yo creo, desde mi analfabetismo artístico, que no parecen del mismo autor. La policromía e incluso el estilo parecen muy distintos, yo diría incluso que artísticamente está más lograda la Piedad de Villademor que la del Camino. Eso sí, la leyenda que aparece en la peana de la del Camino es sobrecogedora, pues dice así: "O vos omnes qui transitis per viam, attendite et videte si est dolor sicut dolor meus", "Oh vosotros todos, que pasáis junto al camino, atended y ved si hay dolor semejante al mío", (Libro de las Lamentaciones, 1,12).

La composición de nuestra Piedad es de formato piramidal, como las piedades renacentistas, no obstante parece expresar más influencias góticas o flamencas, dicen otros, que renacentistas. La Virgen tiene una gran corona rematada por siete pequeñas estrellas que recuerdan los siete "dolores", "angustias" o "puñales" que siempre se señalan de ella: 1ª.- la profecía de Simón que predijo a su madre la muerte del hijo, 2ª.- la persecución de Herodes, 3ª.- cuando Jesús se pierde en el templo, 4ª.- cuando María encuentra a Jesús cargando con la cruz, 5ª.- la crucifixión, 6ª.- el descenso de la cruz y 7ª.- la sepultura. La Virgen de la Piedad representa, según la tradición, la quinta angustia. La quinta porque parece ser que eran numeradas de forma distinta a como yo lo he hecho ahora.

Se trata de una magnífica talla en la que se muestra a una Virgen madre que sin dejar de ser bella es ya una mujer madura aunque en edad no parece mucho mayor que el hijo que sostiene. Su rostro, ligeramente alargado, muestra el lacerante dolor producido por la muerte de su hijo recién bajado de la cruz y que sostiene en su regazo con la cabeza ligeramente inclinada hacia el rostro de su hijo. Su mirada, pienso yo, no está del todo lograda pues sin dejar de estar serena parece perdida, los párpados ligeramente asimétricos y exageradamente caídos quieren seguramente resaltar su infinito dolor pero, sin embargo, el resto de la cara, inapropiadamente sonrosada, me sigue pareciendo algo hierática y falta expresividad. En cualquier caso su dramática belleza está lejos de la hermosa e incluso voluptuosa joven que, sin perder la serenidad de su hermosura, nos presenta Miguel Ángel en su Piedad. Sin dolor, sin consternación y por tanto sin dramatismo parece que sólo ante ella no podría haber compadecimiento. Este es el objetivo de esta pieza. Y eso se consigue no sólo con la visión del cuerpo desfallecido de Jesús, sino con el inconsolable rostro abatido y consternado de la Virgen. La Piedad de Miguel Ángel, desde mi modesto entender, muestra más ternura que piedad, más belleza que dramatismo, por la sencilla razón de que en su caso el artista no quiso sacrificar ni la belleza ni la juventud (excesiva) de la Virgen. Pero, evidentemente no es este nuestro caso. Lo que a mi modo de ver sí está muy logrado es la ropa que luce la Virgen. Están bien trabajados los pliegues y se aprecia una rica y bien lograda policromía aportando al conjunto una armonía cromática bien rematada.

 El Cristo que sostiene en su regazo, en cambio, no parece que esté tan perfecto, parece que tiene una postura tan forzada y tan poco equilibrada que parece rígido y se diría incluso que está desproporcionado. Es cierto que en muchas piedades, incluida la de Miguel ángel, el Cristo es proporcionalmente más pequeño en talla que la madre. No sé si aquí será el caso pero de todos modos no parece que el cuerpo yazga con total naturalidad. La cadera, las piernas y los pies parecen si no mal conformados si les falta al menos cierta armonía en la composición. El rostro, que luce una barba y un pelo muy moreno y muy poblado, no refleja el gran padecimiento por el que ha pasado e inclina su cabeza hacia atrás pero no tanto, parece, como debería. Uno de sus brazos cuelga inerte y sin vida y el otro es sostenido sin esfuerzo ni dramatismo por la mano izquierda de la Virgen.

 

 

LA PIEDAD: UNA VIRTUD Y UN HAGIOTOPÓNIMO

 

 

   Siempre me ha llamado la atención la gran devoción que los villademorenses desde antiguo han profesado a la Virgen de la Piedad. ¿Por qué? ¿De dónde vendrá esta inclinación precisamente por la Virgen de la Piedad? Seguramente sea una moda no anterior a 1550 que es cuando se popularizan las procesiones de la Semana Santa. El Concilio de Trento ve en ellas un instrumento de evangelización dado que los católicos no leen ni interpretan la Biblia, tradición que continúa por cierto. En España no se lee la Biblia, es cierto, pero tampoco se leen otras cosas. Tampoco esto que estoy escribiendo lo leerá casi nadie, lo sé.

   En cualquier caso esa devoción que se profesa en Villademor a la Virgen de la Piedad estoy convencido, no viene por lo de "Virgen", sino por lo de "Piedad". Dije algo similar cuando analicé el retablo de la Virgen de la Misericordia. Ahora bien, ¿por qué la devoción a la Virgen de la Piedad y no por ejemplo a la Virgen del Socorro, del Pilar, del Carmen o de la Vega, por poner algunos ejemplos? No lo sé. No sé, ni sé tampoco si alguien sabe qué avatares concretos históricos determinaron que aquí en nuestro pueblo la advocación de la Virgen fuese de la Piedad y no de la Merced o de la Esperanza o de los Remedios. Yo siempre he mantenido que el mito de la Virgen con "apellido" (en genitivo: Virgo Pietatis), cualquiera que éste sea, es en realidad el mito de la tierra. Y no me refiero al mito de la Madre Tierra o incluso el de la Gran Madre como dirían algunos junguianos tipo Erich Neumann. Me refiero a la tierra en sentido local, a la "madre-patria" o, para no caer en el oxímoron, a la patria chica, a la "matria" dicho en el sentido de Plutarco o incluso en el de Unamuno. Porque Plutarco decía que deberíamos hacer como los cretenses que llamaban a su patria, matria, porque consideraban que debemos más a nuestras madres que a nuestros padres. Pero era esa una apreciación muy genérica. Unamuno es más preciso y con ello más complejo; mientras que la patria es centrífuga tiende al agradamiento, decía, la matria es centrípeta. La patria es lo general, lo político, lo abstracto, la nación. En cambio, la matria es el terruño, la tradición, el hogar, la familia, lo biológico femenino, la tierra del sentimiento y de la infancia. Por cierto, se me ocurre una pregunta malévola: ¿cuál de los dos conceptos se identificaría mejor con la fratría?

    Quizá sea una falsa impresión mía, pero observo que la Virgen, la Virgen con "apellido" como vengo llamándola, está vinculada demasiadas veces a la madre-patria. Dicho de otra manera, que es más un hagiotopónimo que una advocación. Si no fuese así no tendría sentido el apellido, bastaría con que en todas partes se rezase a la Virgen, sin más sobrenombres. Pero no es el caso. Por eso hay tantos "apellidos" de la Virgen como tierras diferenciadas hay o queremos que haya. Cada lugar tiene su Virgen, no en vano algunas Vírgenes tienen nombre de lugar: de Guadalupe, de la Vega, de Covadonga, del Camino, de Fátima, de Lourdes, etc. y todo ello sin perjuicio de que el nombre de algunos lugares remitan directamente a la Virgen, con o sin apellido: Valverde de la Virgen,  quebrada de la Virgen o playa de la Virgen. Aquí, entonces, la cuestión no es tanto determinar el mito de la virginidad de María, madre de Dios, tanto anterior como posteriormente al parto (dogma definido en el concilio de Letrán en el 649), algo muy estudiado por teólogos, mariólogos y estudiosos del Nuevo Testamento, sino determinar por qué la multiplicidad de "apellidos" o advocaciones que va tomando ésta tienen que ver con ciertas regiones, es decir, cómo las advocaciones de carácter ético y universalista, terminan por convertirse en hagiotopónimos de carácter moral circunscritos a un grupo social. Porque muchos de estos "apellidos", aunque estén asociados a una virtud (piedad, misericordia, merced...), no dejan por eso de estar asociados en muchas ocasiones a un lugar. Por eso la "Virgen de la Piedad" de Villademor es distinta de la Virgen de la Piedad de Valladolid o, por ejemplo, de la Virgen de Monserrat, que en su himno dice que es "...de Montserrat estel, illumineu la catalana terra...". Se le pide que ilumine la tierra catalana, no otras tierras. ¿Resultará que la Virgen de Montserrat es catalanista o quizá independentista? La Virgen, incluso la que se nombra con apellido, a pesar de tener valores éticos universales, universalizables e incluso universalizantes, como en nuestro caso la virtud ética de la piedad, sin embargo, arrastra siempre demasiados componentes morales tribales, grupales, regionales o incluso regionalistas.

    Volvemos de nuevo a la tierra o si se prefiere a la Tierra. Y ello a pesar de que la Virgen para la Iglesia oficial no debe ser adorada como cualquiera otra de las Personas de la Trinidad, pues no es divina, es humana. Sólo es "theotokos", Madre de Dios, no Diosa, y, por lo tanto, sería incorrecto asociarla, aunque fuese siquiera mitológicamente, con  la Madre Tierra o con la Diosa Madre, porque entonces, aparte de divina, sería anterior a Dios mismo, por cuanto sería su progenitora. Paradojas teológicas de imposible solución, por lo tanto no es ese el camino mariano que ha escogido la Iglesia. Así entonces la Virgen cristiana no es Gea, no es la Diosa Tierra, no es la Virgen-Tierra, es si acaso la tierra-virgen (circunscrita a una región) por cuanto encierra también el mito de la fertilidad siempre asociado a la tierra desde antes incluso de la agricultura, desde el Paleolítico, cuando todavía no se sabía que el varón era el causante de la maternidad. Por eso los hijos en aquel tiempo, más que pertenecer al padre, que como S. José serían siempre putativos, pertenecerían a la madre y con ella al lugar a la "matria" al "tópos" (hagio-topónimo).

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GALERÍA DE IMÁGENES DE LA ERMITA DE LA PIEDAD

 

    Ninguna de éstas imágenes es mía, todas han sido sacadas de Internet sin modificación. Desconozco la autoría de la mayoría de ellas (solamente algunas, quizá las mejores, sé que han sido hechas por Alejandro Fernández Cabañeros)  pero en ningún caso es mi intención apropiarme de ellas o calificarlas como propias, de tal modo que si alguien reconoce como suya alguna imagen que quiere que retire de aquí o quiere que se la adjudique él como autor sólo tiene que decírmelo. Mi intención es sólo la divulgación de nuestro patrimonio que creo que es digno de difusión.

 

INTERIOR

 

 

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EXTERIOR

 

 

 

 
 

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