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VILLADEMOR: EL FUTURO

 

 

   No hay futuro. No. Por eso no lo podemos conocer. El futuro se hace, se va haciendo, se construye prolépticamente a partir del tiempo pretérito ya vivido. Es decir, para que todo el mundo me entienda, sólo desde el pasado, sólo con ideas pretéritas ya conocidas y ejercitadas se puede conocer y afrontar el futuro que sólo se puede ver de lejos y que cuando llega y se hace presente ya es otro, es decir, ya no es futuro.

    Entonces, sabiendo lo que sabemos o, desde lo que sabemos, desde las ideas siempre pretéritas, la pregunta es: ¿por dónde pasa el futuro de Villademor? ¿Por dónde ha de pasar? ¿Por dónde conviene que pase? O, lo que es lo mismo, ¿por dónde queremos que pase? ¿Qué futuro deseamos para nuestro pueblo? Incluso lo más preocupante, ¿Podemos elegirlo? ¿Podemos decidirlo? Muchas preguntas, ninguna clara, ninguna exenta.

    Este es un tema poliédrico, demasiadas perspectivas, demasiados puntos de vista. De todos modos, pensarían algunos ¿cómo no vamos a poder decidir el futuro de nuestro pueblo? Como he dicho el futuro sólo se puede determinar desde el pasado. Ahora bien, si como todo el mundo sabe, el pasado de Villademor ha estado ligado siempre a la agricultura, ¿el futuro ha de seguir ligado a ella? Sin duda, pensará la mayoría. Pero, ¿ha de pasar exclusivamente por ella? ¿No hay alternativa? Es más, ¿por qué tipo de agricultura queremos que pase? A mi la agricultura me viene dada, dirán la mayoría de los agricultores de Villademor: la forma de concentración parcelaria, la forma de riego, de simiente, de cultivo, de venta de los productos... todo está determinado o por la política europea (de subvenciones y supervivencia) o por las grandes multinacionales (simientes genéticamente modificadas, simientes blindadas...), y lo que queda, por las leyes aplastantes del mercado. Ante este panorama desolador ¿qué puede hacer un agricultor? Ciertamente poco, quizá muy poco. Sin correr riesgos nada. Pero tiene que conocer que hay alternativas posibles, que hay posibles agriculturas no sólo una o dos: secano y regadío como está acostumbrado. Lo que hemos de decidir, si podemos, es por qué agricultura queremos que pase nuestro pueblo. ¿Eso sí lo podemos elegir? Yo creo que al menos en parte sí. Digo "en parte" porque todo depende de lo rentable que podamos hacer la agricultura que elijamos. Ahora bien, ¿es que acaso, se podría preguntar algún agricultor de nuestro pueblo, se pueden elegir diferentes agriculturas? Sin duda, eso es algo que todo agricultor tendría o debería conocer. El problema es si en Villademor se conocen lo suficiente las alternativas. Todavía peor, el problema es si tan siquiera se conoce la que se está practicando ahora mismo. Miremos la foto de la derecha. ¿Qué se ve? Una mazorca, dirá todo el mundo. Permíteme... ¡mírala bien! No, así no. Vamos a decir... ¡interprétala bien! ¿Cómo dices? No, nada, lo que digo es que empieces por pinchar encima de ella ¡Ah! Resulta que no es una simple mazorca. ¡Ves! La agricultura ha de dejado de ser algo simple. En realidad nunca lo fue, ni siquiera en el neolítico, pero ahora menos. La agricultura, si se sabe mirar da que pensar.

    Yo no pretendo dar lecciones de agricultura a los agricultores, lo que pretendo decir es que hoy día el agricultor que sólo sepa de agricultura poca agricultura sabe. Esto, evidentemente es trasladable también a otros saberes; el médico que sólo sabe de medicina, ni medicina sabe, decía José de Letamendi. Pues resulta que el agricultor debe conocer muchas cosas previas a su actividad y muchas cosas posteriores que también determinan su trabajo. En Villademor debería cuidarse todo eso. Las instituciones o las autoridades deberían dar a conocer, en las largos meses inocupados de invierno, todo lo otro que rodea y determina a la agricultura, incluidas las alternativas agrícolas y no agrícolas. Creo que por ahí pasa el futuro de Villademor, por conocer el panorama primero y después por deliberar bien y saber elegir un futuro con porvenir, más determinado por los propios protagonistas que viven en nuestro pueblo y menos dependiente de las fluctuaciones exteriores sean éstas de carácter político o de mercado, que al fin y al cabo es lo mismo. Sólo el conocimiento puede servirnos para desentrañar las posibilidades que brinda el futuro. Pues exijamos a las autoridades y a las instituciones que presten un conocimiento objetivo a nuestros trabajadores del campo. Por ahí, creo, debe empezar un buen futuro para nuestro pueblo. Sea.

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